Trastorno límite de la personalidad: Volviendo del abismo

¡Hola a todos! Ya hemos hablado anteriormente sobre el trastorno límite de la personalidad (TLP) o borderline, pero hoy vamos a entrar un poco más en profundidad.
Este tipo de trastornos se manifiestan especialmente en la adolescencia, aunque mucha gente convive con él durante muchos años de su vida, sintiéndose diferentes al resto, pero sin identificar el problema.

El TLP no es una enfermedad, aunque si se trata de un problema serio de salud que afecta alrededor del 1% de la población. Los parámetros que afectan a es te grupo se pueden agrupar en tres subgrupos: aquellos que tienen que ver con la inestabilidad emocional, aquellos relacionados con la inestabilidad en el comportamiento y aquellos que tienen que ver con la inestabilidad interpersonal.

Las personas que padecen TLP experimentan las emociones de una manera más intensa. Además se encuentran con un patrón de muchos problemas interpersonales: tienden a ser, por un lado, muy dependientes y apegados, y por otro lado, rápidamente irritables y rechazadores. Como dice la Dra. Marsha Linehan, de la Universidad de Washington: “No se pueden tener relaciones interpersonales si no se tiene estabilidad emocional”.

Tras una apariencia de total normalidad, se esconde un sufrimiento interior, algo que les condiciona toda su vida, ya que, simplemente, “no saben cómo ser”. Los expertos dicen que se puede definir el TLP como el trastorno de las personas que no encajan, para algunos, son el mayor ejemplo de marginación. Estas personas, a menudo intentan ser lo que creen que la gente quiere que sean.

Las relaciones con los demás tienden a ser muy intensas, especialmente porque les cuesta establecerlas, y cuando sienten que por fin tienen a alguien, lo viven y lo sienten de una manera muy fuerte, muchas veces no saben cómo llevar una amistad o relación más casual. Como ya he mencionado anteriormente, este tipo de personas pertenece a un grupo el cual a menudo necesita de otros para que los regulen. Las relaciones que establecen a veces les inyectan vida, por decirlo de alguna manera. Por consiguiente, si la gente que los regula se están preparando para abandonarlos, lo pueden ver y sentir como una propuesta de vida o muerte. Ausencias o separaciones de esas relaciones, una vez establecidas, son catastróficas en cuanto a su significado…es como si no existieran si se vieran solos.

Inconscientemente, algunas personas con TLP pueden considerarse manipuladoras, aunque estas no son conscientes, pero en ocasiones lo aparentan para las personas que conviven con ellas o que las rodean. Por ignorancia, mucha gente se niega a verlo como un problema médico, y tachan a estas personas de, por ejemplo: difícil personalidad, egoístas, dramáticos, … y creen que todas esas cosas se deberían poder controlar. Manipulación no es el calificativo correcto, ya que se asume que una persona manipuladora tiene la capacidad de pensar y ejecutar un plan, mientras que las personas con TLP se caracterizan por una fuerte impulsividad y por tratar desesperadamente de hacer que ellas se sientan seguras, a salvo, y que todo a su alrededor está bien.

Son un grupo de personas que responden emocionalmente de forma más intensa que otras, es decir, reaccionan ante algo pequeño cuando otra persona quizá reaccionaría así ante algo más grave, por lo que es un factor de vulnerabilidad emocional a tener en cuenta. Otro elemento a considerar es que no solo responden a eventos sumamente pequeños, sino que también responden muy rápidamente.

Se dice que las personas con TLP se pueden llegar a sentir como víctimas de quemaduras, sentir su piel a carne viva, un dolor físico que si alguien les hace o dice algo en esos momentos, lo sienten tanto como una punzada sobre la piel.

Es muy fácil el descontrol. Las personas que padecen TLP, normalmente, por mucho que lo intenten y por las mejores intenciones que tengan, simplemente no pueden controlarse.

La tendencia de estas personas es a entablar relaciones con la gente basadas en comportamientos autodestructivos. Muchos tienden a ver una vía de escape en el uso de las drogas o en hacer algo peligroso. En muchas ocasiones también existe una correlación con los trastornos alimenticios. Personas con TLP narran que ese nivel constante de intensa distracción y caos es un método de distracción de todas las cosas dolorosas que padecen.

Las autolesiones también son un elemento altamente frecuente, esto se achaca a que las emociones que sienten son tan intensas que necesitan buscarle otra salida, enfocando la autolesión no como un intento de hacerse daño físico, sino de aliviar el dolor emocional. Es decir, infligirse una autolesión es descrito como un descanso, porque así pueden enfocarse en el dolor físico en vez del dolor emocional que sienten. La Dra. Marsha Linehan afirma que “No hay duda que para este grupo de personas cortarse e infligirse daño físico regula sus emociones. Nadie entiende con claridad por qué sucede (…)”. El Dr. John Gunderson, de la Universidad de Harvard, dice que “El comportamiento autodestructivo de estos pacientes puede ayudarles a aliviar sentimientos que no pueden soportar, sentimientos que a menudo no pueden ni articular”.

Muchos pacientes con TLP acaban suicidándose (entre el 8-10%), pero ¡OJO!, la gran mayoría de estos casos se debe al desconocimiento de lo que les ocurre, a que no han sido diagnosticadas. Sin un diagnóstico, sintiéndote diferente, sin saber que les pasa…mucha gente se plantea si merece la pena vivir una vida así. El Dr. John Gunderson explica que son más las personas con este trastorno las que sienten alivio tras ser diagnosticas que las que no, “la mayoría piensan que es como mirarse al espejo”. Existen una serie de criterios para el diagnóstico, y tras él, estas personas se dan cuenta de que no están solas, que lo que les ocurre tiene una explicación, lo que trae consigo un alivio enorme para sus vidas.

Tras el diagnóstico viene el tratamiento. Al no ser considerado una enfermedad no tiene cura, pero si una regulación que puede llevar a la persona a llevar una vida normal y ser feliz. Con unos buenos recursos terapéuticos los pacientes tienen muchas posibilidades de mejorar. Existen varias terapias apropiadas y útiles (psicoterapias individuales; terapias psicosociales: intervenciones familiares, terapias de grupo; y medicamentos). Si hablamos de la terapia farmacológica debemos entender que se trata de un tratamiento auxiliar que en muchos casos sirve para lidiar con esa reacción emocional (ansiedad, depresión, impulsividad, etc).

La Terapia Dialéctica Emocional es una de las vías de abordaje más utilizadas y para el cual hay una fuerte evidencia, diseñada especialmente para aquellos pacientes que se han hecho daño a sí mismos o que han tenido fuertes tendencias suicidas. En este tipo de terapia se dan mecanismos que ayudan a enfrentar situaciones del día a día para que la reacción emocional se de en una determinada forma, ayudando a encontrar formas de estabilizarse a uno mismo. Es la síntesis o la convergencia entre, tratar de cambiar algo y a la simultanea aceptación de los hechos. Ésta, motiva como primera medida a la persona que sufre, para detenerse y analizar sus propias emociones, tal cual lo haría una tercera persona, en lugar de tomar una acción inmediata frente a éstas. De hecho, su nombre es debido a que el tratamiento en sí es la síntesis de ambos: el cambio en la terapia de comportamiento y la aceptación.

Un tipo de técnica que se le enseña a los pacientes que tienen a recurrir a los cortes consiste en lo siguiente: sostener cubos de hielo en la mano. Al poner los cubitos en la mano, cuando realmente se busca el experimentar dolor físico, es una forma de enfocarse en algo sin necesariamente hacerse daño. En lugar de sentir que está mal lo que hacen, que no deberían sentirse así, o que simplemente necesitan cambiar la manera de sentirse, han aprendido a trabajar otra manera de experimentar de una forma más efectiva.

Otro tipo de terapia es la Psicoterapia de Transferencia de Enfoque, la cual deriva de los primeros tratamientos psicoanalíticos y se enfoca más en la importancia de la interpretación y la comprensión de las maneras en que uno distorsiona ciertos conceptos tantos de otros como de sí mismos. Trata de proponer una integración entre el concepto que el paciente tiene sobre sí mismo y el concepto que el paciente tiene sobre los demás.
Es muy importante para el paciente y para su familia encontrar médicos con el conocimiento adecuado del TLP, con experiencia y disposición a tratarlos. Al buscar ayuda y encontrar sanitarios sin estas características presupone que el paciente empeore. El médico y el tratamiento adecuado son el pilar, algo básico y necesario. Existen médicos/psicólogos/psiquiatras realmente fabulosos que no conoce el tratamiento, o que nunca ha tratado a este grupo en particular. También se puede dar el caso de un especialista que conoce el tratamiento adecuado, pero con el cual el paciente no se siente cómodo. En ambos casos el resultado no sería efectivo.

Mucha gente piensa: ¿Por qué a mí?… no se sabe exactamente la causa, puede tratarse de razones químicas, biológicas, ambientales, … Uno de los descubrimientos más interesantes es que la amígdala (Sistema Límbico), el área del impacto que señala el peligro y el miedo, en pacientes con TLP parece estar demasiado activa, de tal manera que una persona que no sufre este trastorno y ve una cara, reacciona de manera neutral; mientras que un paciente bordeline puede verla e interpretarla más allá de la normalidad, describiendo de entrada a las otras personas como furiosas, enfadadas, criticonas, u hostiles hacia ellos, cuando, la realidad es que esa no es la intención de la otra persona. Mientras que en la amígdala, esa parte del cerebro que señala el peligro, presenta demasiada actividad en pacientes con TLP, la corteza prefrontal, la parte del cerebro al que se achaca la responsabilidad del pensamiento de mayor nivel, la cual puede inhibir la respuesta conductual de aquella señal de alarma parece tener una actividad mínima.

Debemos tener en cuenta que el TLP puede llegar a ser un infierno no solo para el que lo padece, sino también para la familia. Estos pueden conocer las emociones de la persona pero ignoran el por qué, en realidad no tienen el entendimiento fundamental de que la persona está esforzándose al máximo. Es muy importante para el paciente poder exteriorizar todas sus emociones, porque si no pueden llegar a obsesionarse con ellas, llevando a la autocrítica, al autocastigo y a la culpa. La verdadera tragedia para la persona radica en decir que no puede estabilizarse, y que otra persona le diga que si puede, porque entonces la persona comienza a sentirse mal consigo misma al no conseguirlo, creyendo que si pueden pero parece que no quieren.

Existen mecanismos para que el entorno de la persona con TLP sepa manejar ciertas situaciones, como por ejemplo cuando ésta experimenta una reacción exagerada o fuera de lugar, como la ira o la tristeza excesiva. Escuchar con atención, que busquen lo que haya de real en ello, y al validar la parte de su reacción que más sentido tenga, la persona se calmará. La discusión acerca de la parte que fue excesiva o inapropiada solo se debe llevar a cabo en el contexto donde la persona que sufre TLP ya está calmada.

Cuando se tiene un familiar cercano con este trastorno no es algo que cuentas a los demás, no es un tema con el cual socializas, de hecho, por lo general, se trata de evitar el tema. Cuando los familiares acuden a grupos de apoyo pasan por un proceso muy positivo, porque sienten que alguien más los entiende y que comprenden por lo que han pasado.

El TLP es un trastorno que afecta a las relaciones y la recuperación en realidad involucra el poder ser capaces de formar parte de una comunidad, establecer relaciones, tolerar el dolor y la aflicción, y poder construir una vida propia. Hay que tener esperanza, pues realmente las personas con este trastorno, con la adecuada ayuda y el soporte necesario mejoran. Es un camino largo pero durante el recorrido irán recogiendo los frutos y al final obtendrán la recompensa. Entre más entiendan el TLP, mejor les irán las cosas. Incluso, muchos expertos denominan el TLP como “el diagnóstico del buen pronóstico”, porque las personas mejoran, se recuperan e incluso dejan de cumplir los criterios de inclusión. Llegan a manejar sus vidas de manera efectiva: tener una familia, triunfar profesionalmente, etc. Hay un periodo en el que estas personas se estabilizan, es decir, su psicopatología se reduce enormemente en un periodo de unos años (normalmente coincide con la madurez personal), y cuando esto sucede, sus vidas se vuelven sostenibles. Su volatilidad, su tendencia a reaccionar rápidamente probablemente siempre esté ahí, pero también pueden crear una correspondiente tendencia a ser capaces de controlarse.

En definitiva: ayuda, paciencia, entenderse a uno mismo y tiempo. Porque por fortuna, con estos elementos, la calidad de vida de las personas con trastorno límite de la personalidad (y sus familiar, por supuesto) mejora de una manera realmente espectacular.

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  • Reportaje NewYork-Presbyterian Hospital: Back from the edge – TLP  https://www.youtube.com/watch?v=_34Yd6m50dk

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