Uno de cada cinco. Hablemos de depresión.

Como si te chuparan toda la energía, las ganas, la ilusión, … y a partir de aquí tú tienes que vivir igual” , “rodeado de gente que no le pasa, y parece que tú eres idiota” , “es el estado más próximo a la muerte

¡Hola a todos! hoy quiero tratar un tema del que hace tiempo tengo ganas de hablar, porque creo es necesario hacer esta enfermedad visible, darle la importancia que tiene, que no se utilice banalmente su nombre, y concienciar a la gente que no es sinónimo de tristeza. Hoy hablaremos de la depresión.

El pasado domingo 28 de enero se emitió el primer programa de la temporada 14 de “Salvados“, conducido por el periodista Jordi Évole, con el siguiente titulo; “Salvados: uno de cada cinco”. Me pareció realmente interesante la forma en que abordaron el tema y la forma de “desnudarse” de los participantes con sus testimonios, así que pensé que sería un buen momento para escribir un post sobre este tema 🙂

En dicho reportaje participan seis personas. Tres de ellas han sufrido en primera persona la depresión: Georgina Giner, Noelia Ortiz e Iván Ferreiro; una chica que vivió el suicidio de su madre por depresión: Carmen Gómez; y dos expertos en la patología: Enric Álvarez (Director psiquiatría Hospital de Sant Pau) y Rosa Baños (Directora psicopatología Universidad de Valencia).

La depresión, según la OMS, es “un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”. 

 A Georgina le diagnosticaron la enfermedad los 17 años. A través del sistema público de sanidad le proporcionaban un seguimiento muy básico: ver a un psiquiatra cada tres meses, una consulta de duración muy breve (unos quince minutos), junto con medicación psiquiatría diaria. No importaba el motivo por el cual había enfermado, la solución eran las pastillas. Le dijeron que la depresión era en psiquiatría como un resfriado, que quizá un día volviera a resfriarse pero que no pasaba nada, volvería a tomar la medicación y listo.

El caso más grave lo encontramos en Noelia. Según cuenta, llegó a estar en un estado casi catatónico, agotada, cansada de sufrir y de tener dolor, así durante 23 años.

Ivan Ferreiro es un conocido cantante y compositor que también sufrió depresión. Él cuenta como cuando sus hijos tenían tres y cinco años pensaban que su padre era más mayor que su abuelo.

El principal problema al que se enfrenta la etiqueta de “depresión” es que se ha vulgarizado su nombre, confundiéndolo con la “tristeza“. Este último término es una de las emociones básicas de los seres humano, todas las personas de este mundo han padecido esta emoción, mientras que, la depresión, provoca un sufrimiento devastador en aquellos que lo padecen, además de no tener nada que ver con cualquier otra enfermedad. El Dr. Álvarez describe sus signos:

  • Incapacidad de sentir ningún tipo de placer (anhedonia).
  • Intolerancia al estrés; incluso para la toma de decisión más leve o banal.
  • Intolerancia al dolor; cualquier molestia física provoca un dolor insoportable.
  • Alteración de los ritmos circadianos, es decir, la estructura del sueño de pierde y aunque duermas no quiere decir que hayas descansado.
  • Disfunción cognitiva; a nivel intelectual la persona está como perdida (falta de memoria, incapacidad de síntesis, dificultad para recordar, etc…).

A esto hay que sumarle la ideas que van apareciendo en consecuencia en los puntos anteriores: culpa, negación, ruina, muerte, … De hecho, en el 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo. El Dr. Álvarez lo explica de la siguiente manera:

Rosa Baños explica como se ha avanzado muchísimo en la prevención y tratamiento de otras muchas enfermedades, evitando la aparición y cronificación, pero no en el caso de la depresión. Estos expertos calculan que aproximadamente 2.500.000 de españoles podrían estar padeciendo esta enfermedad en la actualidad.

Carmen convivió con la depresión de su madre durante años, hasta que esta acabo terminando con su vida. Ella cuenta como la animaba a ponerse los zapatos para salir a dar un paseo juntas [¡vamos, espabila” ¿qué haces ahí tirada? ponte los zapatos y vamos pasear juntas] más tarde comprendió que era como si le dijera a un minusválido que se pusiera a andar, que realmente su madre no podía. También explica la preocupación del cuidador o, en este caso, la familia, en referencia a la medicación. No podía vigilar constantemente que se tomara sus pastillas, así que cuando salia de casa la duda de si lo haría o no era una preocupación constante.

Otro aspecto en relación a la depresión es el tema farmacológico, ¿por qué existe ese rechazo a la medicación?. Los fármacos psiquiátricos no son una ciencia exacta, con esto me refiero a que no la misma medicación sienta igual a todo el mundo, al igual que la dosis, la interacción entre varias pastillas diferentes, el momento del día en el que se tomen, etc. Es de lo más normal que los fármacos antidepresivos tarden en hacer su efecto un par de semanas, no tienen un efecto inmediato y por ello es tan importante no olvidar de tomarlos. Ciertos ansiolíticos puede causar demasiada somnolencia, o llegar a provocar la sensación de “ir un poco drogado”. La medicación psiquiátrica no tiene como objetivo “dejar sin voluntad, o como un zombie” a aquellos que recurren a ella, por eso es tan importante tomarla correctamente y hacer un seguimiento frecuente con el especialista hasta dar con los fármacos y las dosis adecuada a cada persona. Este rechazo es general, no solo del enfermo sino de su entorno, un rechazo que no se muestra hacia otro tipo de medicamentos, en cambio a los relacionados con salud mental sí. Como cuenta Georgina en el reportaje “si hay algo que apacigua el dolor y te ayuda a seguir con tu vida”, ¿por qué rechazarlo?, aunque añade que el problema es que cuando uno acude a Atención Primaria es la única salida que te dan. El Dr. Álvarez apunta algo realmente interesante: siempre hay gente del entorno que preguntan si no hay nada natural antes que recurrir a la medicación, pero, como dice el Dr. “como si fuera químico, que no es verdad, no están sacados de ninguna molécula sintetizada. Los antidepresivos son sacados de moléculas que hay en la naturaleza que se ha demostrado que tienen propiedades“. Rosa Baños añade que si es cierto que existe una hipermedicalización en relación a la depresión (refiriéndose a la leve), achacando este problema a la atención primaria, ya que es la solución más inmediata que ofrecen. Poder acceder a otro tipo de tratamiento para esta enfermedad desde la sanidad pública es un proceso lento y complicado, y que no es igual en todas las comunidades autónomas, ya que unas ofrecen vías de las que otras no disponen, por ello son elevadas las cifras de pacientes que, cuando por fin pueden acudir al psicólogo o al psiquiatra después de meses de espera, ya están medicalizados.

Otro punto interesante y del que ya hablaremos en otro post es el ingreso hospitalario en una unidad de salud mental. Noelia narra su experiencia debido a sus múltiples ingresos, varios de ellos causados por los efectos secundarios de la medicación. El ingreso es un paso desagradable al que siempre se le intenta ahorrar al paciente (“te registran, te quitan movil o cualquier objeto con el que te puedas autolesionar, te miran a ver si te has tragado la medicación, …“), ya que hay un protocolo especifico dentro de la unidad de psiquiatría que deben seguir todos los pacientes ingresados, sea con el diagnóstico que sea.

Cuando se trata de una depresión crónica, grave y duradera, se puede contemplar otro tipo de tratamiento: La terapia electroconvulsiva (TEC) o electroshock, (otro tema muy interesante que queda pendiente para otro post!) que aunque su nombre recuerde a tiempos de antaño es algo que se sigue practicando, dentro de un protocolo y con un conocimiento científico mejorado al de tiempo atrás. Se programan sesiones a lo largo de las semanas y se suelen obtener muy buenos resultados en la mayoría de casos, no obstante hay un riesgo de secuelas neurológicas (pérdida de memoria, dificultad a la hora de encontrar ciertas palabras, etc). En el reportaje nos hablan también de la estimulación cerebral profunda (ECP). Hay ensayos clínicos que avalan que la ECP en el caso de personas con depresión resistentes a todos los tratamientos (incluido el TEC), pueden mejorar de su patología. Pero, ¿en qué consiste el ECP? Fisiológicamente hablando, en el córtex prefrontal hay una zona que las personas con depresión tienen siempre activa; mediante unas coordenadas se llega al área G25 del córtex prefrontal, ahí se pone un neuroestimulador, concretamente dos: uno en cada lado; se cierran y administran una anestesia para enterrar el cable hasta el abdomen, punto donde se coloca la batería. Todo este proceso se realiza con anestesia local.

No todos lo tratamientos son válidos para todos lo enfermos. En la depresión,

  1. Un 40% se curan con un tratamiento farmacológico exclusivamente.
  2. En el segundo eslabón están los que combinan diferentes tratamientos farmacológicos (aquellos con diferente mecanismo de acción o que actúen sobre distintos neurotransmisores).
  3. En el siguiente escalón están las personas a las que se tratan con TEC, donde la mejoría es del 90% de los enfermos.

¿La depresión se cura?… Hay tratamientos para curar la depresión, además, con unos  muy buenos porcentajes de eficacia y efectividad, el problema es la accesibilidad a ellos. En primero lugar en muchas ocasiones hay un problema de no identificación del problema, es decir, no solo gente que no acude al médico por estigma, sino también el diagnóstico erróneo. Algo a destacar es la unanimidad entre las personas entrevistadas que piensan que el sistema sanitario público español, la Seguridad Social, no está preparada ni tiene los medios para hacer frente a esta enfermedad, tan grave como muchas otras. Frecuentemente las personas que padecen depresión terminan acudiendo al sistema privado.

También se resalta la figura del psicólogo, y de su importantísima función en todo este proceso, reclamando al menos uno por cada área básica de salud. A nivel europeo, España tiene unos de los peores ratio psicólogo-psiquiatra, además, somos de los pocos países que tenemos la ratio inversa (normalmente hay el doble de psicólogos que de psiquiatras, en nuestro país en cambio tenemos la mitad de psicólogos clínicos que psiquiatras).

Hay una relación muy directa entre la depresión y el suicidio. Hay dos estadísticas que relacionan ambos temas: 1. De hace aproximadamente treinta y cinco años en la que apuntaba que el 15% de los enfermos de depresión acaban suicidándose. 2. La última habla de un 7-8%. Cuando hablamos de esto nos referimos a suicidios consumados, excluyendo intentos o ideas, personas que realmente acaban con su vida. En un momento de la entrevista de Évole, el Dr. Álvarez se refiere a este porcentaje como “personas que se matan“, a lo que Carmen añade algo en lo que estoy absolutamente de acuerdo y considero que todos deberíamos tener muy claro: “no es lo mismo suicidarse que morir por suicidio“, realmente esto es así, ya que como explica Carmen “en el primer caso la persona quería hacerlo, en cambio la segunda fue la enfermedad lo que provocó el desenlace” , para ella su madre en lugar de morir de, por ejemplo, cáncer, murió por suicidio, porque tenía una enfermedad que no pudo superar. Algo interesante que apunta Jordi Évole es que el conoce un caso de unos amigos (él se suicidó y su pareja lo encontró) que aunque han pasado años nunca ha sido capaz de hablar del tema con ella, lo que a mí me hace pensar hasta que punto existe una estigmatización en referencia a este tema, así como el temor a hablar de ello, o como dicen los participantes del reportaje: “es un tema tabú“. Iván Ferreiro apunta también a que cuesta hablarlo con los familiares ya que en muchas ocasiones estos tienen un sentimiento de culpa, de que no le cuidaron bien, que no ayudaron a esa persona, incluso de que fue culpa de ellos, cosa que no es cierta.

A cualquiera le puede ocurrir” . “Todos somos candidatos” .

Personalmente debo dar las gracias a todos los participantes por desnudarse así ante la cámara. Gracias por hacer visible una de las enfermedades más importantes de este siglo y ayudar a acabar con la estigmatización de la palabra depresión.

Recomiendo ver el reportaje completo pinchando en este link. Si prefieres escuchar el podcasts haz click en este otro link. Seguir leyendo “Uno de cada cinco. Hablemos de depresión.”

Empowerment

¡Hola a todos! El post de hoy va dedicado al empowerment, o lo que es lo mismo: el empoderamiento, un término cada vez más utilizado en diversos campos, entre ellos el de la Salud Mental.

Empecemos explicando qué significa este término: entendemos por empowerment a la reclamación de igualdad de derechos en los colectivos que socialmente suelen ser marginados o minusvalorados. Por ello es aplicable al colectivo de pacientes y cuidadores de Salud Mental, en el cual se reivindica el ejercicio de derechos de las personas con este  tipo de problemas en igualdad de condiciones y oportunidades que las personas que no los padecen.

Quizás una particularidad en el campo de la SM es que el empowerment está liderado principalmente por familiares y profesionales dedicados a este campo antes que los propios pacientes.

La filosofía del empowerment tiene su origen en los Estados Unidos, con el enfoque de la educación popular desarrollada a partir del trabajo de Paulo Freire en los años 60, estando muy ligadas a los enfoques participativos. El uso moderno de empoderar parte de los movimientos por los derechos civiles, donde se creó todo un aparato conceptual que desde la cultura estadounidense se exportó a otras culturas, de modo que la palabra “empowerment” tomó fuerza inicialmente por el movimiento feminista. Fue tal el éxito que acabaron adoptándola movimientos, entre ellos el campo de la Salud Mental.

Dicho término se aplica a la habilidad de las personas afectadas por una patología mental para comprender y controlar los conceptos personales, políticos, sociales y económicos, y para la toma de decisiones.  Tanto los profesionales de la salud como la sociedad, en conjunto con los que padecen una patología mental tienen el poder de alejar prejuicios, así como la capacidad para hacer comprender que cada uno es, independientemente de la enfermedad que se padezca, una persona ante todo.

Expresiones paternalistas por parte de algunos profesionales e incluso de algunos familiares del tipo: “no tienes la capacidad de…” “deja que nosotros decidamos  qué es lo mejor para ti” provocan el inicio de un proceso de incapacitación legal, en muchísimas ocasiones no fundamentada provocando un autoestigma por parte del enfermo.

El empowerment se basa también en la idea del recovery (recuperación), es decir, en que los trastornos mentales no invaliden a quienes lo padecen sino que con un tratamiento y abordaje adecuado se pueden superar las dificultades y limitaciones que puedan acompañarles.

Además de ello, este término guarda cierta relación con el concepto de resiliencia (“capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”).

Haz clic en el link para acceder al documento colgado en la página web del Ministerio de Sanidad, Servicio Sociales e Igualdad del Gobierno de España, en donde podemos encontrar un pdf titulado “Empoderamiento del usuario de Salud Mental – declaración de la Oficina Regional para Europa de la OMS“, en el cual se nos recuerda que el empoderamiento no es un destino, sino un camino.

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A nivel individual, el empowerment es un elemento importante del desarrollo humano. Es un proceso de toma de control y responsabilidad de las actuaciones que tienen como propósito alcanzar la totalidad de su capacidad. En dicho proceso podemos destacar cuatro dimensiones:

  • La autoconfianza.
  • La participación en las decisiones.
  • La dignidad y el respeto.
  • La pertenencia y contribución a una sociedad más plural.

Para la persona, este proceso significa vencer una situación de impotencia y adquirir control sobre la propia vida. Todo gira en torno a la autodeterminación y la autonomía para que pueda ejercer más influencia en la toma de decisiones sociales y políticas, y, por supuesto, para aumentar la autoestima. Diversas comunidades pueden apoyar a las personas en este proceso, ¿Cómo? estableciendo redes sociales y movilizando la ayuda social; con la finalidad de mejorar la cohesión entre individuos y  apoyar a las personas que están atravesando periodos de vulnerabilidad.

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Como características y cualidades para conseguir los objetivos del empowerment, podemos destacar:

  • La esperanza y el respeto.
  • La reclamación del derecho a una vida propia.
  • El sentimiento de conexión a los demás. No sentirse solo.
  • Ponerse en el lugar del otro y comprender que todos tenemos los mismos derechos.
  • Desarrollar aptitudes o habilidades que la persona considera como importantes.
  • Ser transparente en cuanto a la información.
  • Demostrar que el crecimiento y el camino no terminan, y que no están solos.

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Sin duda es un tema muy amplio, y del que se pude ir sacando diversos post profundizando más, pero con este espero que se entienda el término “empowerment” y que sirva de introducción para futuras entradas. Que nos sirva para, en muchas ocasiones, dejar de lado esa vena paternalista que a veces nos sale y entender que, enfermos, sanos, cuidadores, o profesionales de la salud, ante todo somos personas independientes, con nuestros derechos y opiniones, y acabar con el estigma social y, especialmente con el autoestigma que parece cada vez es más visible en nuestra sociedad.

Para finalizar el post comparto con vosotros este lipdub titulado “Una mirada diferente“:

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Seguir leyendo “Empowerment”

Mr. Jones

¡Hola a todos! Hoy toca hablar de cine, concretamente de la película Mr. Jones, protagonizada por Richard Gere.

Mr. Jones es un hombre impulsivo, intenso, embaucador y con un carácter fascinante que atrae a la gente por su encanto y vitalidad. Tiene una energía arrolladora que le lleva a parecer un “viva la vida”, sin embargo y de repente pasa de esos estados de máxima euforia, donde parecía que iba a comerse el mundo, al hundirse en la desesperación, la apatía, y, en definitiva, la depresión. Es una persona maníacodepresiva a la que le cuesta aceptar que padece de un trastorno bipolar y rechaza la ayuda que le ofrecen, hasta que conoce a la psiquiatra Elizabeth Bowen, la cual está decidida a ayudarle, pero acaba perdidamente enamorada de él. En definitiva, se trata de una película que trata de presentarnos las características de una patología mental (la bipolaridad) acompañada de una bonita historia de amor.

Para empezar me gustaría desmontar el falto mito que tiene la gente de que un bipolar cambia en cuestión de minutos de la euforia a la depresión. ¡NO! la persona con trastorno bipolar pasa semanas invadido de esa sensación de euforia donde se sienten como nunca, sienten que están en el mejor momento y se dedican a vivir y a disfrutar. Está es la fase manía de la enfermedad. Esta fase viene precedida de una fase depresiva, la cual también tiene un tiempo de diversas semanas de duración. La mayoría de la gente utiliza la palabra bipolar asociándola a un cambio de humor brusco, y no, no es un click espontáneo que haga tu mente, se trata de todo un proceso.

El trastorno bipolar lo clasificamos (según la clasificación DSM) dentro de los trastornos del estado de ánimo, donde encontramos el episodio maníaco y el episodio depresivo mayor (que puede ser unipolar), entre otros.

La característica definitoria de un trastorno bipolar es un curso clínico caracterizado por la presencia de uno o más episodios depresivos mayores acompañados, al menos, de un episodio hipomaníaco.

Si nos centramos en la fase de manía, podemos decir que se trata de un período completo en el que el estado de ánimo es anormal y muy elevado, expansivo o irritable. Tiene una duración de, al menos, una semana, y se acompaña de:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandiosidad.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Alteraciones en el lenguaje (a destacar el lenguaje verborreico y la fuga de ideas constante).
  • Aumento de las actividades y agitación psicomotora.
  • Distractibilidad.

El tratamiento suele ser: el internamiento en los inicios de la enfermedad (o en pacientes que no cumplen con el tratamiento farmacológico), farmacológico (antipsicóticos, benzodiacepinas con acción antimaníaca y/o litio. Sobre esté último tengo intención de dedicarle un post más adelante), psicoterápia (en especial para fomentar el conocimiento y la concienciación de la enfermedad, fomentar el cumplimiento del tratamiento, enseñar a reconocer los síntomas precozmente y adecuar el estilo de vida). En determinados casos también se utliliza la terapia electrocombulsiva (sí, no os escandalicéis que no es como lo pintan en las películas y es una técnica con muchos falsos mitos que desmontar y de la que ya os hablaré). En la fase de manía la seguridad de la persona está especialmente comprometida.

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Vamos a hablar ahora de la fase depresiva. En la depresión los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren el la vida diaria de la persona durante un periodo prolongado, disminuyendo considerablemente su calidad de vida. En las etapas de depresión puede predominar la tristeza y lentitud (como en el caso de Mr. Jones) o la agitación (como en el caso de Amanda, paciente que aparece en el filme):

El elemento clave de la evaluación conductual es el cambio de sus patrones y respuestas habituales. La persona que cursa una etapa depresiva se siente así durante la gran mayoría del tiempo, día tras día, conviviendo con la apatía y la anhedonia (pérdida de placer). Puede ir acompañado de o bien un aumento o una disminución del apetito (más frecuentemente) con la consecuente subida o bajada de peso y se caracteriza también porque estas personas suelen tener trastornos del sueño, caracterizados por un despertar precoz (se despiertan muy temprano y lo primero que les viene a la mente son pensamientos negativos o de tristeza). La necesidad más comprometida en la fase de depresión vuelve a ser la seguridad, puesto que hay que valorar si la persona tiene ideación suicida. Sin duda la depresión es un tema demasiado amplio, así que ya hablaremos más profundamente de ello en otra ocasión.

Volviendo a la película: Mr. Jones no es nada disciplinado a la hora de tomar la medicación, por lo que, en fase maníaca, le lleva a intentar volar como un avión desde lo alto de un tejado en obras. Este episodio le conduce hasta el hospital psiquiátrico donde conoce a la Dra. Bowen, la cual se va resistiendo a corresponder sus sentimiento ya que va en contra del código ético de su profesión, el cual le impide establecer relaciones con sus pacientes. Vemos bien representadas las diferentes fases y, como por ejemplo, cuando Jones haces cálculos matemáticos en la fase maníaca parece ser realmente bueno, en cambio en la fase depresiva se frustra por ser incapaz de multiplicar números más simples. Otra de los rasgos que queda muy bien plasmado es derroche del dinero que hace en la fase de manía y como eso le conduce a la ruina, algo muy típico en personas con trastorno bipolar.

Para finalizar el post, me gustaría dejar claro que cada persona es un mundo, su personalidad, su red de apoyo, su inteligencia, su mentalidad, etc etc. Independientemente de la patología que se padezca, no quiere decir que todos las características anteriores las tenga un bipolar, así que ¡ojo! y no prejuzguemos.

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Doble estigma

Invisibles. Relegados. Olvidados. Abandonados. Excluidos. Ocultos…Y en la cárcel. En definitiva, fuera de lugar.

¡Hola a todos! El post de hoy trata sobre las personas que padecen una enfermedad mental y que han cometido un delito, acabando presos en una cárcel normal, junto con otras personas que no sufren ese “handicap”, por decirlo de alguna manera.

En primer lugar voy a hacer algo que me encanta, y es desmontar falsos mitos:

  1. El índice de personas con problemas de salud mental que comete un delito es muy bajo, menor que en la población general (sin embargo en España hay 28.000 personas con patología mental en prisión).
  2. Se estima que un 5% de las personas que padecen un trastorno mental pueden llegar a cometer algún delito, cuando la cifra en la población en general es de un 10%. Es decir, tienen un índice de criminalidad mucho más bajo que otra persona que no padece una enfermedad mental.

Es evidente que la cárcel no es el mejor sitio para tratar este tipo de enfermedades. Si esto se tuviera en cuenta durante el proceso judicial se podrían promover alternativas que faciliten la rehabilitación y la reinserción social, incluso impedir la cronicidad y el agravamiento de la enfermedad. En muchos casos la enajenación mental o la falta de juicio pasa inadvertida durante el proceso judicial, por lo que la persona ingresa en prisión como un interno más. También se dan casos que una vez internos, desde el propio centro penitenciario se diagnostican.

Estas personas necesitan de un seguimiento y de programas de rehabilitación, ya que en trastornos mentales graves (como una esquizofrenia, por ejemplo), si no se trabaja, no solo a nivel farmacológico, sino también a nivel psicosocial, la persona tiende al aislamiento, al deterioro y a la consecuente cronificación. Esto supone que al acabar la condena, se sientan incapaces de incorporarse a la sociedad.

¿Dónde está la raíz del problema? Una de los posibles motivos es la falta de detección precoz previa al proceso penal. Los agentes implicados en el proceso penal (abogados, fiscales, jueces, médicos, …) deben tener conocimientos suficientes, formarse y sensibilizarse para poder identificar una patología mental siempre y cuando esté relacionada con el delito. La administración debe formar (hasta cierto punto al menos) a los colectivos implicados para enseñarles a identificar que esos ademanes, una mirada huidiza, los silencios o las evasivas no son siempre estrategias de defensa, sino que pueden ser síntomas de una enfermedad mental grave. No voy a entrar en si en algunos casos debería ser ésto eximente o no de cumplir la pena, pero si tiene que ser considerado y tener el conocimiento de que hay otras medidas alternativas al ingreso en una prisión corriente.

Un 11% de los presos padece una patología mental, en su mayoría sufren de psicosis, pero prácticamente el 100% de estos casos son personas que no tenían un diagnóstico previo y que no recibían ningún tipo de tratamiento.

Actualmente en España solamente hay tres centros que se ocupan de esto: la UHHP (Unidad de Hospitalización Psiquiátrica) Brians 1 (en Barcelona), el Hospital Psiquiátrico de Alicante, y el Hospital Psiquíatrico de Sevilla, cuando debería haber un centro de este tipo por cada Comunidad Autónoma, evitando así la dispersión tan grande que sufren estas personas, ya que se ven desarraigadas de sus lugares de origen y de sus familias (éstos a su vez deben recorrer kilometros y kilometros para poder ver a su familiar, que es un enfermo y que no ha sido condenado, sino que está cumpliendo una medida de seguridad). ¿En quién está el poder de cambiar esto? Pues, como casi siempre, en los políticos…pero no es algo que les interesa a la mayoría de ellos, los enfermos mentales no tienen cabida en sus agendas. Si ya son son invisibles de por sí, cuando son presos aún lo son más. Si hubiera una delegación de competencias en este aspecto, como ya he dicho anteriormente, se avanzaría muchísimo hacia la solución del problema.

Existen fundaciones sin ánimo de lucro que luchan por esta causa, como por ejemplo la Fundación Manantialpero las listas de espera para recibir su ayuda es larga por los pocos recursos a pesar de que, en este caso en concreto, reciben subvenciones del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de la Obra Social Caja Madrid y desde Instituciones Penitenciarias.

Javier Pallarés, trabajador de Fundación Manantial y encargado del departamento de tutela y ámbito penitenciario hace un símil que considero muy adecuado y contundente cuando le preguntaron su opinión sobre la derivación de una persona con una enfermedad mental grave en una cárcel corriente, y el contestó: “A nadie se le ocurriría hacer un doble bypass, o una operación a corazón abierto, o un trasplante de riñón en una cárcel…pues ésto es lo mismo, un trastorno mental grave no puede ser tratado en una cárcel, es algo absurdo porque no hay medios, pese a que lo intentan y seguramente lo consiguen en algún sentido, pero desde luego no es un lugar para tratar y rehabilitar a una persona con patología mental grave“.

Al estigma asociado a la enfermedad mental se le ha de unir el de ser un recluso. Al estar considerados con dos aspectos negativos son considerados personas non gratas en nuestra sociedadaunque, como dicen algunos “ellos han cometido delitos a sangre caliente, mientras que en otros módulos están los que lo hicieron a sangre fría“.

El otro día leía un artículo de Quino Petit donde, en uno de los apartados, hablaba sobre el módulo psiquátrico de Brians 1. Es una unidad que ocupa 4.000 metros cuadrados en un extremo aislado la prisión. Tiene capacidad para albergar a 67 pacientes de los 1.300 de los internos de la prisión. Cuenta con 10 camas para ingresos agudos, 27 camas para subagudos (estancias de tres a seis meses), y el resto son camas para larga estancia. Las habitaciones son dobles (a excepción de aislamiento) y separadas por sexo, con una disposición similar a la de un hospital psiquiátrico y con rejas en las ventanas. Las instalaciones cuentan con talleres de informática, lavandería, de artes plásticas o encuadernación. Allí suelen manipular una gran guillotina (algunos pondrán el grito en el cielo al leer esto y diran: ¡ooh, menudo peligro!… Pero es que el riesgo cero no existe, y sin riesgo no es posible la rehabilitación, y no solo lo digo yo, sino también Álvaro Muro, coordinador de la unidad). La función de estos talleres no es ocupacional, sino terapéutica. El funcionario que trabaja en un centro de este tipo cuenta con formación específica, donde prevalece el carácter asistencial. El director de este entro penitenciario, Juan Carlos Navarro, asegura que el criterio de entrada y salida a este módulo es estrictamente médico.

El Dr. Muro está convencido de la existencia de una mayor proporción de  problemas de salud mental dentro de las cárceles que fuera de ellas, ya que según sus propias palabras “la prisión en sí misma puede condicionar que algunas patologías se expresen más, si la tasa media de esquizofrenia en la población es de un 1%, en las cárceles está entre el 5% y 15%. La patología depresiva se multiplica por 10“.

Otro asunto es el anteproyecto de la Reforma del Código Penal. En él había una parte dedicada a las medidas según la cual, por el hecho de padecer una enfermedad mental, una persona podría llegar a pasar más tiempo de reclusión que otra sin patología mental a la que se le impusiera una pena. Afortunadamente, gracias a la oposición de muchos sectores este aspecto no salió adelante en el proyecto de ley, ya que está demostrado que la enfermedad mental no condiciona un mayor riesgo. Así pues, el Código Penal establece que las personas con trastornos mentales que cometen un delito son inimputables, correspondiéndoles medidas de seguridad en un establecimiento adecuado al tipo de alteración psíquica.

En el estudio realizado por la Confederación de Salud Mental de España (estudio: Salud mental e inclusión social. Situación actual y recomendaciones contra el estigma) se asegura que “la población reclusa que convive con un trastorno mental acarrea un doble estigma: el asociado al trastorno mental y el asociado al medio penitenciario“.

Para finalizar el post, os dejo este breve fragmento del videoreportaje del País Semanal “Las mil y una caras de la locura“:

Seguir leyendo “Doble estigma”

Locus of control

Creo que la mejor manera de inagurar este blog es explicando el nombre: Locus of control.

Se trata de un término psicológico que hace referencia a la percepción que tiene una persona acerca de dónde se localiza el agente causal de los acontecimientos de su vida cotidiana. Puede ser interno o externo:

  • Interno: la persona percibe que los eventos ocurren principalmente como efecto de sus propias acciones, es decir, la percepción de que él mismo controla su vida.
  • Externo: la persona percibe que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte o el poder y decisiones de otros.

Es típico en las personas bipolares cuando están en fase de manía y afecta directamente a la conducta y autoestima de estas personas. Por ejemplo, una persona con locus de control interno atribuye su bienestar a sí mismo y considera que si quiere estar bien puede hacerlo, en cambio una persona con locus de control externo atribuye su bienestar a los demás, al entorno, o al azar, por lo que no podrá desarrollarse y ser feliz si éstos no le dejan.

Desde 1966, Rotter lo cataloga como un rasgo de personalidad, propuesto a partir de la teoría del aprendizaje social. A pesar de que se relacione directamente con la bipolaridad, cualquiera de nosotros podemos atravesar etapas de locus of control, por ejemplo cuando el negativismo invade nuestra vida y consideramos que hagamos lo que hagamos no tenemos control sobre nuestra vida o nuestros sentimientos. Así en otras enfermedades como la depresión o la ansiedad también puede darse.

Más adelante hablaremos más sobre este tema y os iré dejando algunos links interesantes.

Para cerrar el post, solo quiero recordar a todas las personas, padezcas o no una patología mental, la vida es un conjunto de cosas internas y externas. Tú y solo tú tienes el poder de decidir, en cuanto a lo externo, arrópate de gente que te quiera, apóyate en los demás cuando lo necesites y déjate cuidar, porque de todo se sale.

 

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