Sectas, la conquista de la mente

 

¡Hola a todos! El post de hoy va dedicado a algo complejo, delicado y  poco tratado en nuestra sociedad. He decido escribir sobre este tema porque aunque no es una patología de salud mental sí que está estrechamente relacionado con la mente y el bienestar mental. Hoy vamos a hablar de las sectas. Además, es un tema de actualidad pues coincide con la reciente liberación de Patricia Aguilar, la española captada por la secta “Gnosis” en Perú.

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El concepto o idea de secta ha cambiado en los últimos 15-20 años. Atrás quedó, por ejemplo, la imagen del grupo liderado por Charles Manson a finales de los años 60.

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Hoy en día son muchas las sectas que realizan presentaciones en grandes hoteles, que hacen uso de académicos respetables y de un lenguaje muy cuidado y estudiado. Actualmente el discurso suele estar más centrado en el crecimiento personal y el cuidado de uno mismo (sea físico, mental y/o espiritual), por lo tanto cuando hablamos de sectas no se tiene porque tratar de algo exclusivamente religioso.

Se mantiene la figura del maestro o líder (carismático y autoproclamado). El perfil psicológico de un gurú de secta es altamente complejo, son personas con grandes capacidades para seducir a los participantes del grupo mediante su locuacidad, labia y un alto grado de habilidades sociales. Son caprichosos, narcisistas y tiránicos, y acaban abusando verbal, física e incluso, en ocasiones, sexualmente de sus miembros. No soportan que se cuestione su autoridad y buscan parasitar a sus miembros para extraerles todos sus recursos. Se mueven por la necesidad de controlar a los demás para conseguir sus propios fines. Son especialistas en captar las debilidades de la gente para proporcionarles lo que necesitan y así atraerlos aún más hacia ellos.

Hay que resaltar el funcionamiento y estructura de grupo (las cuales son jerárquicas-piramidales), en la cual no se permite ningún cuestionamiento ni crítica y donde se utilizan recursos de control de la personalidad de manera sistemática (o lo que es lo mismo, una influencia excesiva y no ética).

Mucha gente piensa que el único objetivo de las sectas es lucrarse económicamente, que también, pues el dinero es la maquinaria que lo mueve todo, pero realmente lo que éstas buscan es “conquistar la mente“, es decir, ir ocupando progresivamente suficiente espacio en la mente para que al final todo aquello que defina a uno como persona (intereses personales previos, estudios, trabajo, relaciones de pareja, amistades, …) se vaya subvirtiendo radicalmente y progresivamente. En definitiva, buscan el poder sobre la mente de la persona, se nutren de ella. El dinero viene después, en un segundo momento (casi siempre bajo un pretexto), una vez la voluntad ha sido controlada, haciendo creer a la persona que las donaciones las realiza de manera voluntaria, no siendo consciente del “lavado de cerebro” previo al que ha sido sometido.

Términos emergentes como coach o personal shopper, o profesiones como dietista o terapeuta, son la tapadera de algunas sectas. Aquellas en las que que no hay una regulación precisa o donde cualquier persona puede autotitularse son un puerta para estos grupos.

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Pero, ¿Qué lleva a alguien a introducirse en una secta? ¿Qué sucede una vez dentro de ellas? La entrada en estos grupos suele darse de manera suave y progresiva, mediante un proceso de seducción. Normalmente este punto coincide con un momento de crisis personal del individuo, lo que hace que éste se encuentre mas vulnerable y aumente su necesidad de encontrar solución a sus problemas. De esta manera son más frágiles las personas que sufren de soledad o padecen una crisis existencial.

Una vez dentro se emplean tácticas poco éticas de influencia social. La ideología impartida por el líder es la única válida y no hay lugar para dudas. Buscan que la persona doblegue su personalidad y termine acatando todas las indicaciones impuestas, provocando una desestabilización emocional. El secretismo es otro de los rasgos característicos de las sectas: Lo que sucede dentro no puede contarse fuera. Además, se les hace creer a los miembros afortunados por conocer dichos secretos y así jugar con el sentimiento de exclusividad.

Según el sociólogo británico Bryan Wilson, algunas características comunes a todas las sectas son:

  1. Las personas se afilian de manera voluntaria (aunque puede ser inducida).
  2. La afiliación puede ser sometida a examen por las autoridades del grupo.
  3. Puede existir una pequeña élite de personas a las que se les asignen “conocimientos secretos” o habilidades especiales a la que se puede llegar a base de ir “escalando” dentro del grupo.
  4. Existe una pretensión de exclusividad, por lo que se sanciona a quien contraviene a la doctrina, los preceptos morales u organizativos del grupo.
  5. Se aspira a la perfección personal.

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La salida de una secta varía según la persona y el tipo de secta, por ejemplo, es diferente el proceso en una persona que ya nació dentro de una al de otra a la que se unió más adelante y en edad adulta. Se trata de un proceso duro, en la que por lo general la persona sale con una sensación de trauma y ruptura a todos los niveles y tiende a pasar por una etapa bastante crítica, donde pierde confianza en sí mismo y en las relaciones humanas, problemas de autoestima, de concentración, inseguridades, etc. En ocasiones dejan a gente dentro del grupo (amigos o familiares) que tras el abandono no solo sufren dicha pérdida sino que además son repudiados y tratados como traidores. Por tanto a las dificultades propias de la salida se sumará el trato por parte del grupo.

Es normal que tras la salida uno piense que no volverá a levantar cabeza, por ello es tan importante la ayuda profesional y el acompañamiento para remontar esta situación. Pasado un tiempo y con el trabajo adecuado, sensación de liberación, bienestar y tranquilidad regresan a la vida de la persona, a la vez que la capacidad crítica para evaluar el tiempo de permanencia en el grupo.

Sin duda la salida es un camino largo y duro que nos da para escribir otro post dedicado exclusivamente a eso.

Recomiendo a todos la visualización del reportaje “Sectas“, producido por Estudios Molécula junto con la Asociación Iberoamericana Para la Investigación de Abuso Psicológico (AIIAP), y que fue presentado en el año 2015 en el I Encuentro Nacional de Profesionales, Familiares y Ex-miembros de Sectas. Dicho reportaje es conducido por el psicólogo experto en sectas Miguel Perlado y en él son entrevistados varios ex-miembros de diferentes sectas, respondiendo cada uno a una serie de preguntas en base a su experiencia personal. Dichas preguntas son las siguientes:

  • ¿Cómo fue la entrada al grupo?
  • ¿Cómo era el maestro/a?
  • ¿Hubo presión? ¿Se exigía compromiso?
  • ¿Cómo era la vida dentro del grupo? ¿Se planteaban dudas?
  • ¿Se producían vejaciones y/o humillaciones?
  • ¿Tuviste que hacer aportaciones económicas?
  • ¿Cómo fue la salida del grupo?
  • ¿Cómo es ahora tu vida?

 

 

Espero que os haya gustado el post. Algo diferente y aunque, desde luego no soy una experta en el tema, considero de vital importancia tratar, pues son muchas las personas que piensan “yo jamás caería en algo así”, o que tienen familiares en esta situación, y en un momento de desesperación van cayendo poco a poco sin ser conscientes de lo que está sucediendo. Por tanto ¡la información es poder!

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Uno de cada cinco. Hablemos de depresión.

Como si te chuparan toda la energía, las ganas, la ilusión, … y a partir de aquí tú tienes que vivir igual” , “rodeado de gente que no le pasa, y parece que tú eres idiota” , “es el estado más próximo a la muerte

¡Hola a todos! hoy quiero tratar un tema del que hace tiempo tengo ganas de hablar, porque creo es necesario hacer esta enfermedad visible, darle la importancia que tiene, que no se utilice banalmente su nombre, y concienciar a la gente que no es sinónimo de tristeza. Hoy hablaremos de la depresión.

El pasado domingo 28 de enero se emitió el primer programa de la temporada 14 de “Salvados“, conducido por el periodista Jordi Évole, con el siguiente titulo; “Salvados: uno de cada cinco”. Me pareció realmente interesante la forma en que abordaron el tema y la forma de “desnudarse” de los participantes con sus testimonios, así que pensé que sería un buen momento para escribir un post sobre este tema 🙂

En dicho reportaje participan seis personas. Tres de ellas han sufrido en primera persona la depresión: Georgina Giner, Noelia Ortiz e Iván Ferreiro; una chica que vivió el suicidio de su madre por depresión: Carmen Gómez; y dos expertos en la patología: Enric Álvarez (Director psiquiatría Hospital de Sant Pau) y Rosa Baños (Directora psicopatología Universidad de Valencia).

La depresión, según la OMS, es “un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”. 

 A Georgina le diagnosticaron la enfermedad los 17 años. A través del sistema público de sanidad le proporcionaban un seguimiento muy básico: ver a un psiquiatra cada tres meses, una consulta de duración muy breve (unos quince minutos), junto con medicación psiquiatría diaria. No importaba el motivo por el cual había enfermado, la solución eran las pastillas. Le dijeron que la depresión era en psiquiatría como un resfriado, que quizá un día volviera a resfriarse pero que no pasaba nada, volvería a tomar la medicación y listo.

El caso más grave lo encontramos en Noelia. Según cuenta, llegó a estar en un estado casi catatónico, agotada, cansada de sufrir y de tener dolor, así durante 23 años.

Ivan Ferreiro es un conocido cantante y compositor que también sufrió depresión. Él cuenta como cuando sus hijos tenían tres y cinco años pensaban que su padre era más mayor que su abuelo.

El principal problema al que se enfrenta la etiqueta de “depresión” es que se ha vulgarizado su nombre, confundiéndolo con la “tristeza“. Este último término es una de las emociones básicas de los seres humano, todas las personas de este mundo han padecido esta emoción, mientras que, la depresión, provoca un sufrimiento devastador en aquellos que lo padecen, además de no tener nada que ver con cualquier otra enfermedad. El Dr. Álvarez describe sus signos:

  • Incapacidad de sentir ningún tipo de placer (anhedonia).
  • Intolerancia al estrés; incluso para la toma de decisión más leve o banal.
  • Intolerancia al dolor; cualquier molestia física provoca un dolor insoportable.
  • Alteración de los ritmos circadianos, es decir, la estructura del sueño de pierde y aunque duermas no quiere decir que hayas descansado.
  • Disfunción cognitiva; a nivel intelectual la persona está como perdida (falta de memoria, incapacidad de síntesis, dificultad para recordar, etc…).

A esto hay que sumarle la ideas que van apareciendo en consecuencia en los puntos anteriores: culpa, negación, ruina, muerte, … De hecho, en el 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo. El Dr. Álvarez lo explica de la siguiente manera:

Rosa Baños explica como se ha avanzado muchísimo en la prevención y tratamiento de otras muchas enfermedades, evitando la aparición y cronificación, pero no en el caso de la depresión. Estos expertos calculan que aproximadamente 2.500.000 de españoles podrían estar padeciendo esta enfermedad en la actualidad.

Carmen convivió con la depresión de su madre durante años, hasta que esta acabo terminando con su vida. Ella cuenta como la animaba a ponerse los zapatos para salir a dar un paseo juntas [¡vamos, espabila” ¿qué haces ahí tirada? ponte los zapatos y vamos pasear juntas] más tarde comprendió que era como si le dijera a un minusválido que se pusiera a andar, que realmente su madre no podía. También explica la preocupación del cuidador o, en este caso, la familia, en referencia a la medicación. No podía vigilar constantemente que se tomara sus pastillas, así que cuando salia de casa la duda de si lo haría o no era una preocupación constante.

Otro aspecto en relación a la depresión es el tema farmacológico, ¿por qué existe ese rechazo a la medicación?. Los fármacos psiquiátricos no son una ciencia exacta, con esto me refiero a que no la misma medicación sienta igual a todo el mundo, al igual que la dosis, la interacción entre varias pastillas diferentes, el momento del día en el que se tomen, etc. Es de lo más normal que los fármacos antidepresivos tarden en hacer su efecto un par de semanas, no tienen un efecto inmediato y por ello es tan importante no olvidar de tomarlos. Ciertos ansiolíticos puede causar demasiada somnolencia, o llegar a provocar la sensación de “ir un poco drogado”. La medicación psiquiátrica no tiene como objetivo “dejar sin voluntad, o como un zombie” a aquellos que recurren a ella, por eso es tan importante tomarla correctamente y hacer un seguimiento frecuente con el especialista hasta dar con los fármacos y las dosis adecuada a cada persona. Este rechazo es general, no solo del enfermo sino de su entorno, un rechazo que no se muestra hacia otro tipo de medicamentos, en cambio a los relacionados con salud mental sí. Como cuenta Georgina en el reportaje “si hay algo que apacigua el dolor y te ayuda a seguir con tu vida”, ¿por qué rechazarlo?, aunque añade que el problema es que cuando uno acude a Atención Primaria es la única salida que te dan. El Dr. Álvarez apunta algo realmente interesante: siempre hay gente del entorno que preguntan si no hay nada natural antes que recurrir a la medicación, pero, como dice el Dr. “como si fuera químico, que no es verdad, no están sacados de ninguna molécula sintetizada. Los antidepresivos son sacados de moléculas que hay en la naturaleza que se ha demostrado que tienen propiedades“. Rosa Baños añade que si es cierto que existe una hipermedicalización en relación a la depresión (refiriéndose a la leve), achacando este problema a la atención primaria, ya que es la solución más inmediata que ofrecen. Poder acceder a otro tipo de tratamiento para esta enfermedad desde la sanidad pública es un proceso lento y complicado, y que no es igual en todas las comunidades autónomas, ya que unas ofrecen vías de las que otras no disponen, por ello son elevadas las cifras de pacientes que, cuando por fin pueden acudir al psicólogo o al psiquiatra después de meses de espera, ya están medicalizados.

Otro punto interesante y del que ya hablaremos en otro post es el ingreso hospitalario en una unidad de salud mental. Noelia narra su experiencia debido a sus múltiples ingresos, varios de ellos causados por los efectos secundarios de la medicación. El ingreso es un paso desagradable al que siempre se le intenta ahorrar al paciente (“te registran, te quitan movil o cualquier objeto con el que te puedas autolesionar, te miran a ver si te has tragado la medicación, …“), ya que hay un protocolo especifico dentro de la unidad de psiquiatría que deben seguir todos los pacientes ingresados, sea con el diagnóstico que sea.

Cuando se trata de una depresión crónica, grave y duradera, se puede contemplar otro tipo de tratamiento: La terapia electroconvulsiva (TEC) o electroshock, (otro tema muy interesante que queda pendiente para otro post!) que aunque su nombre recuerde a tiempos de antaño es algo que se sigue practicando, dentro de un protocolo y con un conocimiento científico mejorado al de tiempo atrás. Se programan sesiones a lo largo de las semanas y se suelen obtener muy buenos resultados en la mayoría de casos, no obstante hay un riesgo de secuelas neurológicas (pérdida de memoria, dificultad a la hora de encontrar ciertas palabras, etc). En el reportaje nos hablan también de la estimulación cerebral profunda (ECP). Hay ensayos clínicos que avalan que la ECP en el caso de personas con depresión resistentes a todos los tratamientos (incluido el TEC), pueden mejorar de su patología. Pero, ¿en qué consiste el ECP? Fisiológicamente hablando, en el córtex prefrontal hay una zona que las personas con depresión tienen siempre activa; mediante unas coordenadas se llega al área G25 del córtex prefrontal, ahí se pone un neuroestimulador, concretamente dos: uno en cada lado; se cierran y administran una anestesia para enterrar el cable hasta el abdomen, punto donde se coloca la batería. Todo este proceso se realiza con anestesia local.

No todos lo tratamientos son válidos para todos lo enfermos. En la depresión,

  1. Un 40% se curan con un tratamiento farmacológico exclusivamente.
  2. En el segundo eslabón están los que combinan diferentes tratamientos farmacológicos (aquellos con diferente mecanismo de acción o que actúen sobre distintos neurotransmisores).
  3. En el siguiente escalón están las personas a las que se tratan con TEC, donde la mejoría es del 90% de los enfermos.

¿La depresión se cura?… Hay tratamientos para curar la depresión, además, con unos  muy buenos porcentajes de eficacia y efectividad, el problema es la accesibilidad a ellos. En primero lugar en muchas ocasiones hay un problema de no identificación del problema, es decir, no solo gente que no acude al médico por estigma, sino también el diagnóstico erróneo. Algo a destacar es la unanimidad entre las personas entrevistadas que piensan que el sistema sanitario público español, la Seguridad Social, no está preparada ni tiene los medios para hacer frente a esta enfermedad, tan grave como muchas otras. Frecuentemente las personas que padecen depresión terminan acudiendo al sistema privado.

También se resalta la figura del psicólogo, y de su importantísima función en todo este proceso, reclamando al menos uno por cada área básica de salud. A nivel europeo, España tiene unos de los peores ratio psicólogo-psiquiatra, además, somos de los pocos países que tenemos la ratio inversa (normalmente hay el doble de psicólogos que de psiquiatras, en nuestro país en cambio tenemos la mitad de psicólogos clínicos que psiquiatras).

Hay una relación muy directa entre la depresión y el suicidio. Hay dos estadísticas que relacionan ambos temas: 1. De hace aproximadamente treinta y cinco años en la que apuntaba que el 15% de los enfermos de depresión acaban suicidándose. 2. La última habla de un 7-8%. Cuando hablamos de esto nos referimos a suicidios consumados, excluyendo intentos o ideas, personas que realmente acaban con su vida. En un momento de la entrevista de Évole, el Dr. Álvarez se refiere a este porcentaje como “personas que se matan“, a lo que Carmen añade algo en lo que estoy absolutamente de acuerdo y considero que todos deberíamos tener muy claro: “no es lo mismo suicidarse que morir por suicidio“, realmente esto es así, ya que como explica Carmen “en el primer caso la persona quería hacerlo, en cambio la segunda fue la enfermedad lo que provocó el desenlace” , para ella su madre en lugar de morir de, por ejemplo, cáncer, murió por suicidio, porque tenía una enfermedad que no pudo superar. Algo interesante que apunta Jordi Évole es que el conoce un caso de unos amigos (él se suicidó y su pareja lo encontró) que aunque han pasado años nunca ha sido capaz de hablar del tema con ella, lo que a mí me hace pensar hasta que punto existe una estigmatización en referencia a este tema, así como el temor a hablar de ello, o como dicen los participantes del reportaje: “es un tema tabú“. Iván Ferreiro apunta también a que cuesta hablarlo con los familiares ya que en muchas ocasiones estos tienen un sentimiento de culpa, de que no le cuidaron bien, que no ayudaron a esa persona, incluso de que fue culpa de ellos, cosa que no es cierta.

A cualquiera le puede ocurrir” . “Todos somos candidatos” .

Personalmente debo dar las gracias a todos los participantes por desnudarse así ante la cámara. Gracias por hacer visible una de las enfermedades más importantes de este siglo y ayudar a acabar con la estigmatización de la palabra depresión.

Recomiendo ver el reportaje completo pinchando en este link. Si prefieres escuchar el podcasts haz click en este otro link. Seguir leyendo “Uno de cada cinco. Hablemos de depresión.”

Trastorno límite de la personalidad: Volviendo del abismo

¡Hola a todos! Ya hemos hablado anteriormente sobre el trastorno límite de la personalidad (TLP) o borderline, pero hoy vamos a entrar un poco más en profundidad.
Este tipo de trastornos se manifiestan especialmente en la adolescencia, aunque mucha gente convive con él durante muchos años de su vida, sintiéndose diferentes al resto, pero sin identificar el problema.

El TLP no es una enfermedad, aunque si se trata de un problema serio de salud que afecta alrededor del 1% de la población. Los parámetros que afectan a es te grupo se pueden agrupar en tres subgrupos: aquellos que tienen que ver con la inestabilidad emocional, aquellos relacionados con la inestabilidad en el comportamiento y aquellos que tienen que ver con la inestabilidad interpersonal.

Las personas que padecen TLP experimentan las emociones de una manera más intensa. Además se encuentran con un patrón de muchos problemas interpersonales: tienden a ser, por un lado, muy dependientes y apegados, y por otro lado, rápidamente irritables y rechazadores. Como dice la Dra. Marsha Linehan, de la Universidad de Washington: “No se pueden tener relaciones interpersonales si no se tiene estabilidad emocional”.

Tras una apariencia de total normalidad, se esconde un sufrimiento interior, algo que les condiciona toda su vida, ya que, simplemente, “no saben cómo ser”. Los expertos dicen que se puede definir el TLP como el trastorno de las personas que no encajan, para algunos, son el mayor ejemplo de marginación. Estas personas, a menudo intentan ser lo que creen que la gente quiere que sean.

Las relaciones con los demás tienden a ser muy intensas, especialmente porque les cuesta establecerlas, y cuando sienten que por fin tienen a alguien, lo viven y lo sienten de una manera muy fuerte, muchas veces no saben cómo llevar una amistad o relación más casual. Como ya he mencionado anteriormente, este tipo de personas pertenece a un grupo el cual a menudo necesita de otros para que los regulen. Las relaciones que establecen a veces les inyectan vida, por decirlo de alguna manera. Por consiguiente, si la gente que los regula se están preparando para abandonarlos, lo pueden ver y sentir como una propuesta de vida o muerte. Ausencias o separaciones de esas relaciones, una vez establecidas, son catastróficas en cuanto a su significado…es como si no existieran si se vieran solos.

Inconscientemente, algunas personas con TLP pueden considerarse manipuladoras, aunque estas no son conscientes, pero en ocasiones lo aparentan para las personas que conviven con ellas o que las rodean. Por ignorancia, mucha gente se niega a verlo como un problema médico, y tachan a estas personas de, por ejemplo: difícil personalidad, egoístas, dramáticos, … y creen que todas esas cosas se deberían poder controlar. Manipulación no es el calificativo correcto, ya que se asume que una persona manipuladora tiene la capacidad de pensar y ejecutar un plan, mientras que las personas con TLP se caracterizan por una fuerte impulsividad y por tratar desesperadamente de hacer que ellas se sientan seguras, a salvo, y que todo a su alrededor está bien.

Son un grupo de personas que responden emocionalmente de forma más intensa que otras, es decir, reaccionan ante algo pequeño cuando otra persona quizá reaccionaría así ante algo más grave, por lo que es un factor de vulnerabilidad emocional a tener en cuenta. Otro elemento a considerar es que no solo responden a eventos sumamente pequeños, sino que también responden muy rápidamente.

Se dice que las personas con TLP se pueden llegar a sentir como víctimas de quemaduras, sentir su piel a carne viva, un dolor físico que si alguien les hace o dice algo en esos momentos, lo sienten tanto como una punzada sobre la piel.

Es muy fácil el descontrol. Las personas que padecen TLP, normalmente, por mucho que lo intenten y por las mejores intenciones que tengan, simplemente no pueden controlarse.

La tendencia de estas personas es a entablar relaciones con la gente basadas en comportamientos autodestructivos. Muchos tienden a ver una vía de escape en el uso de las drogas o en hacer algo peligroso. En muchas ocasiones también existe una correlación con los trastornos alimenticios. Personas con TLP narran que ese nivel constante de intensa distracción y caos es un método de distracción de todas las cosas dolorosas que padecen.

Las autolesiones también son un elemento altamente frecuente, esto se achaca a que las emociones que sienten son tan intensas que necesitan buscarle otra salida, enfocando la autolesión no como un intento de hacerse daño físico, sino de aliviar el dolor emocional. Es decir, infligirse una autolesión es descrito como un descanso, porque así pueden enfocarse en el dolor físico en vez del dolor emocional que sienten. La Dra. Marsha Linehan afirma que “No hay duda que para este grupo de personas cortarse e infligirse daño físico regula sus emociones. Nadie entiende con claridad por qué sucede (…)”. El Dr. John Gunderson, de la Universidad de Harvard, dice que “El comportamiento autodestructivo de estos pacientes puede ayudarles a aliviar sentimientos que no pueden soportar, sentimientos que a menudo no pueden ni articular”.

Muchos pacientes con TLP acaban suicidándose (entre el 8-10%), pero ¡OJO!, la gran mayoría de estos casos se debe al desconocimiento de lo que les ocurre, a que no han sido diagnosticadas. Sin un diagnóstico, sintiéndote diferente, sin saber que les pasa…mucha gente se plantea si merece la pena vivir una vida así. El Dr. John Gunderson explica que son más las personas con este trastorno las que sienten alivio tras ser diagnosticas que las que no, “la mayoría piensan que es como mirarse al espejo”. Existen una serie de criterios para el diagnóstico, y tras él, estas personas se dan cuenta de que no están solas, que lo que les ocurre tiene una explicación, lo que trae consigo un alivio enorme para sus vidas.

Tras el diagnóstico viene el tratamiento. Al no ser considerado una enfermedad no tiene cura, pero si una regulación que puede llevar a la persona a llevar una vida normal y ser feliz. Con unos buenos recursos terapéuticos los pacientes tienen muchas posibilidades de mejorar. Existen varias terapias apropiadas y útiles (psicoterapias individuales; terapias psicosociales: intervenciones familiares, terapias de grupo; y medicamentos). Si hablamos de la terapia farmacológica debemos entender que se trata de un tratamiento auxiliar que en muchos casos sirve para lidiar con esa reacción emocional (ansiedad, depresión, impulsividad, etc).

La Terapia Dialéctica Emocional es una de las vías de abordaje más utilizadas y para el cual hay una fuerte evidencia, diseñada especialmente para aquellos pacientes que se han hecho daño a sí mismos o que han tenido fuertes tendencias suicidas. En este tipo de terapia se dan mecanismos que ayudan a enfrentar situaciones del día a día para que la reacción emocional se de en una determinada forma, ayudando a encontrar formas de estabilizarse a uno mismo. Es la síntesis o la convergencia entre, tratar de cambiar algo y a la simultanea aceptación de los hechos. Ésta, motiva como primera medida a la persona que sufre, para detenerse y analizar sus propias emociones, tal cual lo haría una tercera persona, en lugar de tomar una acción inmediata frente a éstas. De hecho, su nombre es debido a que el tratamiento en sí es la síntesis de ambos: el cambio en la terapia de comportamiento y la aceptación.

Un tipo de técnica que se le enseña a los pacientes que tienen a recurrir a los cortes consiste en lo siguiente: sostener cubos de hielo en la mano. Al poner los cubitos en la mano, cuando realmente se busca el experimentar dolor físico, es una forma de enfocarse en algo sin necesariamente hacerse daño. En lugar de sentir que está mal lo que hacen, que no deberían sentirse así, o que simplemente necesitan cambiar la manera de sentirse, han aprendido a trabajar otra manera de experimentar de una forma más efectiva.

Otro tipo de terapia es la Psicoterapia de Transferencia de Enfoque, la cual deriva de los primeros tratamientos psicoanalíticos y se enfoca más en la importancia de la interpretación y la comprensión de las maneras en que uno distorsiona ciertos conceptos tantos de otros como de sí mismos. Trata de proponer una integración entre el concepto que el paciente tiene sobre sí mismo y el concepto que el paciente tiene sobre los demás.
Es muy importante para el paciente y para su familia encontrar médicos con el conocimiento adecuado del TLP, con experiencia y disposición a tratarlos. Al buscar ayuda y encontrar sanitarios sin estas características presupone que el paciente empeore. El médico y el tratamiento adecuado son el pilar, algo básico y necesario. Existen médicos/psicólogos/psiquiatras realmente fabulosos que no conoce el tratamiento, o que nunca ha tratado a este grupo en particular. También se puede dar el caso de un especialista que conoce el tratamiento adecuado, pero con el cual el paciente no se siente cómodo. En ambos casos el resultado no sería efectivo.

Mucha gente piensa: ¿Por qué a mí?… no se sabe exactamente la causa, puede tratarse de razones químicas, biológicas, ambientales, … Uno de los descubrimientos más interesantes es que la amígdala (Sistema Límbico), el área del impacto que señala el peligro y el miedo, en pacientes con TLP parece estar demasiado activa, de tal manera que una persona que no sufre este trastorno y ve una cara, reacciona de manera neutral; mientras que un paciente bordeline puede verla e interpretarla más allá de la normalidad, describiendo de entrada a las otras personas como furiosas, enfadadas, criticonas, u hostiles hacia ellos, cuando, la realidad es que esa no es la intención de la otra persona. Mientras que en la amígdala, esa parte del cerebro que señala el peligro, presenta demasiada actividad en pacientes con TLP, la corteza prefrontal, la parte del cerebro al que se achaca la responsabilidad del pensamiento de mayor nivel, la cual puede inhibir la respuesta conductual de aquella señal de alarma parece tener una actividad mínima.

Debemos tener en cuenta que el TLP puede llegar a ser un infierno no solo para el que lo padece, sino también para la familia. Estos pueden conocer las emociones de la persona pero ignoran el por qué, en realidad no tienen el entendimiento fundamental de que la persona está esforzándose al máximo. Es muy importante para el paciente poder exteriorizar todas sus emociones, porque si no pueden llegar a obsesionarse con ellas, llevando a la autocrítica, al autocastigo y a la culpa. La verdadera tragedia para la persona radica en decir que no puede estabilizarse, y que otra persona le diga que si puede, porque entonces la persona comienza a sentirse mal consigo misma al no conseguirlo, creyendo que si pueden pero parece que no quieren.

Existen mecanismos para que el entorno de la persona con TLP sepa manejar ciertas situaciones, como por ejemplo cuando ésta experimenta una reacción exagerada o fuera de lugar, como la ira o la tristeza excesiva. Escuchar con atención, que busquen lo que haya de real en ello, y al validar la parte de su reacción que más sentido tenga, la persona se calmará. La discusión acerca de la parte que fue excesiva o inapropiada solo se debe llevar a cabo en el contexto donde la persona que sufre TLP ya está calmada.

Cuando se tiene un familiar cercano con este trastorno no es algo que cuentas a los demás, no es un tema con el cual socializas, de hecho, por lo general, se trata de evitar el tema. Cuando los familiares acuden a grupos de apoyo pasan por un proceso muy positivo, porque sienten que alguien más los entiende y que comprenden por lo que han pasado.

El TLP es un trastorno que afecta a las relaciones y la recuperación en realidad involucra el poder ser capaces de formar parte de una comunidad, establecer relaciones, tolerar el dolor y la aflicción, y poder construir una vida propia. Hay que tener esperanza, pues realmente las personas con este trastorno, con la adecuada ayuda y el soporte necesario mejoran. Es un camino largo pero durante el recorrido irán recogiendo los frutos y al final obtendrán la recompensa. Entre más entiendan el TLP, mejor les irán las cosas. Incluso, muchos expertos denominan el TLP como “el diagnóstico del buen pronóstico”, porque las personas mejoran, se recuperan e incluso dejan de cumplir los criterios de inclusión. Llegan a manejar sus vidas de manera efectiva: tener una familia, triunfar profesionalmente, etc. Hay un periodo en el que estas personas se estabilizan, es decir, su psicopatología se reduce enormemente en un periodo de unos años (normalmente coincide con la madurez personal), y cuando esto sucede, sus vidas se vuelven sostenibles. Su volatilidad, su tendencia a reaccionar rápidamente probablemente siempre esté ahí, pero también pueden crear una correspondiente tendencia a ser capaces de controlarse.

En definitiva: ayuda, paciencia, entenderse a uno mismo y tiempo. Porque por fortuna, con estos elementos, la calidad de vida de las personas con trastorno límite de la personalidad (y sus familiar, por supuesto) mejora de una manera realmente espectacular.

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Vicente Rubio: “la locura nunca duerme”

¡Hola a todos! Hoy vengo ha hablaros de una persona que ha hecho mucho en la lucha contra el estigma: Él es Vicente Rubio, un alicantino de cuarenta y cuatro años. Estudió un FP de administrativo e hizo el servicio militar el Villena, su pueblo natal, posteriormente se trasladó a Madrid donde comenzó con sus estudios de arte dramático. Empezó a trabajar como figurante en espectáculos de parques temáticos, lo que le llevó a viajar por todo el mundo (Europa, Japón, …). A parte del castellano, habla con fluidez varios idiomas, entre los que se encuentran el inglés y el francés. Cuando volvió a España quiso montar su propia productora, pero con pocos medios y apenar treinta años hizo que se encerrara en sí mismo. Además, Vicente padece esquizofrenia paranoide.

Fue a principios de 2003 cuando tuvo su primer brote. Según cuenta él en diversas conferencias que ha dado, todo empezó como un sueño, un sueño en el cuál él era el mesías enviado para cambiar el mundo a través del amor. De ésta manera Vicente comenzó a rodar una película en base a este delirio de grandeza y lo que acabó fue grabando su propia locura.

Cámara en mano salió en búsqueda de su alma gemela, con la seguridad de que al encontrarla cambiaría el mundo. Su familia, ajena a su enfermedad, comenzaban a notar en él comportamientos extraños: se abandonó físicamente, se dejo una barba como la de Jesús (lo que acentuaba más su delirio místico, al compararse con otros profetas), pasaba el día encerrado en su habitación y solo salía para comer, y viajaba de ciudad en ciudad buscando a su gran amor. Rezaba constantemente, no sabía quién ni cómo era esta mujer, pero iba de lugar en lugar con el convencimiento de que la encontraría. Llegó a contactar con diversos mediums que le reforzaron sus delirios, incluso viajó a Londres para hacer unas sesiones con una de ellas. Fue hasta París donde estuvo en la calle, en la mayor indigencia porque llegó a la conclusión de que ella era francesa. Desde su habitación se grababa, mientras nos narraba en voz baja: “No puedo hablar alto porque mis padres duermen, y si me oyen hablar solo pensaran que estoy loco“.

Lo peor llegó en septiembre de 2003. Llegó al convencimiento de que estaba poseído por un espíritu y dedujo que la manera de librarse de él era estampándose contra la pared. Y así lo hizo, en presencia de su hermana cogió velocidad hasta darse de bruces.

La ambulancia le trasladó al hospital donde le dieron el diagnóstico: esquizofrenia paranoide. Vicente ingresó voluntariamente en la Unidad de Agudos de psiquiatría, comenzó el tratamiento farmacológico de largo recorrido y posteriormente la rehabilitación ambulatoria en un CSM (Centro de Salud Mental). A su vez siguió grabando todo el proceso, y de ahí salió en 2009 el documental “Voces“, premiado en diversos festivales y que ha servido tanto para mostrar a otras personas con esquizofrenia que igual que se entra en el túnel también se puede salir de él, como para mostrar la realidad y luchar contra el estigma. Ha dado numerosas conferencias, ha contado su testimonio en televisión y en diversas entrevistas, mediante la radio, y con el documental nos abre las puertas de su intimidad y la visión de su familia, que desconocían por completo la enfermedad y también necesitaron ayuda para comprenderle y así poder ayudarle mejor.

Posteriormente grabó el cortometraje “Imaginarium“, donde habla de la enfermedad y explica su vivencia particular, pero el tema de la esquizofrenia es taaan amplio y tan complejo, que ya hablaremos de eso en otro post, aunque este corto es un buen aperitivo.

Hoy la familia de Vicente, en especial sus padres, se muestran orgullosos de su hijo por como ha luchado y ha cogido las riendas de su vida y de su enfermedad, aprendiendo de ella y afirmando que “la locura nunca duerme, solo es una forma de prolongar el sueño“. En resumen, él explica que lo que una persona sana siente cuando sueña es lo que siente él, solo que la persona sana se despierta y sabe diferenciarlo de la realidad, en cambio el esquizofrénico no, es como si siguiera soñando, y más cuando a los delirios van acompañados de alucinaciones (auditivas especialmente). Él afirma que recuperar la ilusión por la vida, el mantenerse ocupado, hacer cosas que te mantengan activo, tener la voluntad y el apoyo de la familia son las cosas que le ayudaron a salir adelante.

Actualmente Vicente forma parte del comité asesor de personas con enfermedad mental de la Confederación de Salud Mental de España, y no se tuvo que ir tan lejos para encontrar a su media naranja, ya que en su mismo pueblo (Villena) estaba ella, Cristina, con la que tiene dos hijos.

Comparto con vosotros el trailer del documental que, de verdad, recomiendo mucho a todo el que le interese el mundo de la salud mental porque en él se muestran las cosas de una manera nunca vista antes:

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Escocia como modelo contra el estigma

Cuando hablamos de estigma, nos referimos a una condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que su portador sea incluido en una categoría social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se les ve como culturalmente inaceptables o inferiores.

Un 25% de la población padecerá en algún momento de su vida algún tipo de enfermedad mental, es decir, 1 de cada 4 personas. Cuando hablamos de una enfermedad como, por ejemplo, la esquizofrenia, automáticamente se asocia a terminología negativa (como agresividad, imprevisible, violento), y lo más triste de todo desde mi punto de vista es que esto no ocurre con gente mayor a la que en sus tiempos un bipolar era tachado de loco o un síndrome de Down de subnormal  (¡que palabra más fea por Dios!), para mí, lo mas llamativo es que hoy en día, en pleno siglo XXI, el estigma que rodea a la salud mental es muy potente entre los jóvenes. Éstos, en una edad complicada y más vulnerables, pueden ser como una bomba de relojería. Me explico, las etiquetas negativas hacia un comportamiento, hacia una forma de ser, cohiben e impiden a la persona a expresar sus sentimientos, le impiden sentirse bien y sentirse parte de la sociedad. Muchos brotes se dan en la adolescencia por esto mismo.

Una de las cosas más peligrosas de esta situación es que la persona acabe sufriendo lo que denominamos autoestigma: prejuicios que están interiorizados, convirtiéndose así en atributos negativos identitarios. Es decir, la persona se cree estos prejuicios y esta identidad, lidiando no solo con todas las barreras que le impone la sociedad sino añadiendo las que uno mismo se impone.

En Escocia, en los últimos ocho años se ha realizado un gasto anual de más de un millón de libras en con la finalidad de combatir el estigma. Eso es creer de verdad a nivel político que la recuperación es posible y, sobretodo, es necesaria. Esa inversión en la lucha contra el estigma ayuda a estas personas a sentirse parte de la sociedad, a expresar como se sienten, a compartir sus experiencias con la libertad de no ser juzgados (por ejemplo a la hora de obtener un empleo, aumentando su integración y rendimiento), y a la larga supone un ahorro para el Estado, ya que disminuyen las camas ocupadas en las instituciones psiquiátricas y los ingresos vía urgencias. Para esto es necesario la existencia de asociaciones o colectivos, en el ejemplo de Escocia está a destacar a nivel mundial HUG (Highland Users Group), una red de personas que en algún momento de su vida han experimentado un problema de salud mental y que tienen dos objetivos principales: el pimero es mejorar los servicios y tratamientos que la gente recibe e influir sobre las políticas y las estrategias en las que se ubican estos servicios, y el segundo es desafiar el estigma y aumentar la sensibilización pública sobre la salud mental. Es importante potenciar este tipo de grupos a nivel local, para que estos se unan y se comuniquen con otros a nivel nacional, y estos a su vez con otros a nivel internacional. 

Más adelante publicaré un post hablando sobre estos grupos y asociaciones, sobre como no solo trabajan contra es estigma sino también contra el autoestigma, potenciando el empowerment (otro termino al que sin duda le dedicaré otro post con información interesante). A su vez, tiene que haber un grupo de apoyo familiar, donde puedan expresarse ellos por una lado, los usuarios por otro, y en determinados momentos ambos en conjunto. Así como una escucha activa y compromiso por parte de aquellos que nos gobiernan y nos representan. 

Escocia es un país que nos lleva mucha ventaja en este tema, así que tomemos su ejemplo, porque esta en tus manos aportar ese granito de arena, tanto uniéndote a una asociación de este tipo como dejando a un lado los prejuicios y el estigma.

Para finalizar, me gustaría plasmar unas preguntas extraídas del documental “Voices” (os dejaré el link al final del post por si os interesa saber más sobre el tema), y dejar paso a la reflexión personal.

  • ¿Cómo ves a una persona con problemas de salud mental?
  • ¿Actuarías del mismo modo si fuera amigo o familiar tuyo?
  • ¿Cómo te sentirías si tu voz o tu experiencia no fueran respetadas?
  • ¿Por qué no deberías expresarte si crees que la forma en la que vives tu vida es injusta?
  • ¿Cómo podemos entender cuál será el impacto de aquello que queremos hacer si no colaboramos, discutimos y consultamos con las personas que recibirán el servicio?
  • ¿Crees que lo que haces ayuda a tener, a recuperar, un proyecto de vida?

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