Caso Godella: psicosis, esquizofrenia y otros conceptos

¡Hola a todos!

Llevaba un tiempo sin publicar nada pero ya sabéis que me gusta tratar temas que están de actualidad, donde entre todos podamos analizar y reflexionar más allá de la mera información que nos pueden aportar los medios de comunicación.

Se está hablando mucho del caso sucedido en Godella (Valencia) la semana pasada. Para situarnos os voy a poner en antecedentes con un breve resumen de la noticia.

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El pasado 14 de marzo de 2019 se activó la alerta cuando un vecino vio a una mujer semidesnuda corriendo mientras un hombre (su pareja) la perseguía. Cuando la Guardia Civil se personó en la zona detuvieron al hombre que manifestaba que “estaban todos muertos”, al cabo de unas horas encontraron a la mujer desorientada y escondida en un bidón en medio del campo. Ambos fueron interrogados durante horas acerca del paradero de sus hijos de tres años y cinco meses, ninguno colaboró hasta que a última hora de la tarde la madre condujo a la Guardia Civil hasta el lugar donde estaban los niños, ya sin vida, enterrados.

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A pesar de pertenecer a una familia acomodada, la pareja junto a los dos pequeños vivían de okupas en una zona de alto standing del municipio de Godella (Valencia). El niño mayor llevaba desde el mes anterior sin acudir al colegio, la abuela materna había advertido de la delicada situación y temía por sus nietos, incluso la policía había acudido unos días antes a la vivienda familiar.

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Hay muchas sombras en este caso, ya que se pone en duda la actuación de los Servicios Sociales, y de si los amigos y familiares podían haber hecho algo para evitar este desenlace. Hay una investigación en curso y aún no se ha levantado el secreto de sumario, pero a raíz de este trágico suceso he vuelto a comprobar el gran estigma social que existe en relación a las enfermedades mentales, y el origen son las siguientes informaciones que se han filtrado a la prensa:

  • La madre convocó una barbacoa de despedida con sus amistades dos días antes de cometer el parricidio, aunque finalmente la anuló.
  • Le envió un mensaje a su madre diciéndole que se iba a “reunir con el creador”.
  • Acabó confesando a la policía que mató a sus hijos porque una voz en su interior se lo ordenó.
  • El padre de los niños contó como su propia madre los había asesinado para que se pudieran “reencarnar en ella y así ser más felices”.
  • La abuela materna había manifestado su preocupación por la obsesión de ambos con las abducciones, los extraterrestres, y demás criaturas místicas.
  • Se ha hablado de la faceta activista de ambos, de las condiciones en las que vivían, de si eran consumidores de drogas y de su vinculación a sectas.
  • Supuestamente la madre padecía depresión post-parto y acudía a su centro de salud correspondiente por este motivo.

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Mucho se ha especulado sobre si él tenía una influencia negativa sobre ella, sobre si el consumo de drogas (hachís y setas alucinógenas) desencadenó una enfermedad mental o al revés, si la enfermedad mental provocó el asesinato. Se habla de si éste era su primer brote psicótico o si por el contrario ya estaba diagnosticada. Se ha cuestionado si una persona con una esquizofrenia está capacitada para cuidar de sus hijos, y dado que se ha negado a declarar ante la policía y ante el juez, son muchos los que hablan de la facilidad de fingir un trastorno mental por conveniencia.

Se sabe también que en tras su ingreso en prisión, la madre ha sufrido un nuevo brote, en el cual amenazaba con matar a las dos presas sombra que le habían asignado. Según ha filtrado una funcionaria de prisiones, esta manifiesta que al no tener un diagnóstico firme aún no se encuentra medicada y provoca una situación de mayor tensión para todos.

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Pero, ¿a dónde quiero llegar con esto? No soy periodista, tenemos información sobre este tema al alcance de nuestra mano, pero como enfermera y usuaria de redes sociales me entristece lo atrevida que es la ignorancia de muchos y me preocupa que esta falta de información desemboque en el gran estigma hacia los enfermos mentales. Por ello creo que es interesante que hablemos sobre algunos conceptos, como son la esquizofrenia, los brotes psicóticos, o de la relación de las drogas y cómo éstas pueden desencadenar o agravar una enfermedad mental. ¿Se puede fingir una enfermedad mental?, ¿y un brote psicótico?, ¿un enfermo mental está capacitado para convivir en sociedad o cuidar de sus hijos?. Cuestiones que he visto que muchas personas se hacen y que en este post vamos a intentar explicar. Los puntos que vamos a tratar son los siguientes:

1. ¿Qué es la esquizofrenia?

  • Formas clínicas
  • Formas de comienzo
  • Tratamiento

2. ¿Qué es lo que conocemos por “brote”?

3. ¿Se puede prevenir un primer brote?

4. ¿Es lo mismo psicosis que esquizofrenia?

5. Algo de vocabulario: Alteraciones del contenido del pensamiento

6. Seguridad: una de las necesidades básicas

7. ¿Se puede fingir una enfermedad mental?

8. Relación enfermedad mental y consumo de drogas

 

  • ¿La droga provocó la enfermedad? o, por el contrario, ¿fue la enfermedad la que llevó al consumo?

¡Comencemos!….

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad compleja, tanto en cuanto a su presentación como a su origen. Uno de los aspectos que caracterizan a este trastorno, es que afecta a la persona de forma global, por lo que ésta experimenta cambios en la forma de sentir, pensar, actuar y hablar, de manera que resulta distinta a como era antes sin que tenga conciencia de ello. Son múltiples los estudios que han sustentado ideas que poco tienen que ver con la realidad del trastorno y que han enfatizando la importancia de lo cerebral o de lo ambiental en su desarrollo. A pesar de ello, puede afirmarse que hay una base constitucional, genética y unos factores ambientales (psicológicos, sociales y culturales) que pueden influir en la aparición de la enfermedad.

En las últimas décadas se estudia el trastorno considerándolo  un trastorno cerebral y por tanto hace hincapié sobre los determinantes biológicos, sin olvidar otros factores implicados, como la genética y lo ambiental. Según ésto, los factores de riesgo ambientales de tipo biológico y psicosocial, sólo ejercen un efecto patogénico en personas que previamente presentan una vulnerabilidad genética, dando lugar a los síntomas positivos (manifestaciones que la persona hace) y negativos (aquellas que deja de hacer). Todos estos síntomas afectan a todos los ámbitos  (social, laboral, familiar, etc). Este modelo de estrés-vulnerabilidad, integra los factores de tipo genético y ambiental, basándose en la existencia de una vulnerabilidad específica de la persona, que bajo la influencia de una serie de factores ambientales estresantes desencadena la manifestación de la enfermedad.

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Formas clínicas:

La clasificación del DSMIV subdivide la esquizofrenia en los siguientes subtipos (en función del inicio, presentación, curso, pronóstico y características más evidentes):

  1. Tipo paranoide: es de inicio más tardío y permite una mayor adaptabilidad social. La sintomatología está dominada por trastornos del pensamiento de tipo persecutorio, poco sistematizados y estructurados.
  2. Tipo desorganizado: de inicio más precoz (normalmente coincide con el principio de la adolescencia). Se caracteriza por un predominio de trastornos afectivos y conductuales, un empobrecimiento del comportamiento y deterioro intelectual. Aparece de forma insidiosa y su pronostico es malo.
  3. Tipo catatónico: se caracteriza por una alteración de la psicomotricidad. Aunque es poco frecuente debido a las posibilidades de tratamiento, es un cuadro que reviste gran gravedad.
  4. Tipo indiferenciado: se caracteriza por un progresivo empobrecimiento personal y social, debido a una perdida gradual de intereses, de ambición e iniciativa.
  5. Tipo residual: es aquella en que se ha dado al menos un episodio de esquizofrenia, en que aparece afectividad aplanada, pobreza de lenguaje, pero sin que en el momento existan síntomas psícóticos (como ideas delirantes o alucinaciones).

Formas de comienzo:

El trastorno esquizofrénico suele aparecer en la adolescencia o al inicio de la edad adulta, pudiendo irrumpir de diferentes formas en la vida del sujeto. En función de la presentación sé habla de un inicio agudo o insidioso.

  • Inicio agudo: se conoce como “brote”. El trastorno se inicia irrumpiendo de manera aparatosa en la vida del sujeto. Suele ir precedido de un periodo podrómico de breve duración. En este periodo no existen síntomas demasiados llamativos, pero los que aparecen denotan que se esta produciendo un cambio en la personalidad del sujeto, como irritabilidad, tristeza, cambios de humor, conductas extrañas, cambios en la apariencia que contrastan con su aspecto habitual.
  • Inicio insidioso: se da un desarrollo lento y progresivo con síntomas no demasiado evidentes que no hacen pensar en la aparición de un trastorno.

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Tratamiento

Es importante no desconectar al paciente de su entorno para evitar la desadaptación, a excepción de en las situaciones de crisis que requieran el internamiento, la utilización de psicofármacos y de las intervenciones psicosociales (psicológicas y de rehabilitación) adecuadas en función de la fase del trastorno.

Los neurolépticos se ha visto que son eficaces en el tratamientos de los síntomas positivos por su eficacia sobre las alucinaciones, ideas delirantes y demás síntomas que pueden aparecer en la fase aguda y como tratamiento de sostén en las fases de remisión. Hay una distinción clínica entre neurolepticos sedantes (clorpromacina) e incisivos (haloperidol), pero también en función de sus características químicas, puede hablarse de tres grupos principales, las fenotiazinas (clorpromacina), las butiferonas (haloperidol) y tioxantenos (tioxiteno). Existen también neurolépticos de acción retardada, mas indicados como tratamiento de sostén o para aquellos pacientes que tienen dificultades de seguir el tratamiento, o bien debido a dificultades de control. La vía de administración suele ser la oral o la inyectable. Deben tenerse en cuenta los efectos secundarios que producen estos psicofármacos, para iniciar una acción preventiva o correctora. Los síntomas mas frecuentes asociados a los neurolépticos son la somnolencia y los efectos extrapiramidales (por ello se suele combinar con fármacos antiparkinsonianos).

Otro tipo de tratamiento utilizado es la terapia electroconvulsiva (TEC). A pesar de las atribuciones negativas y de la leyenda negra alrededor de este tipo de tratamiento, resulta útil en circunstancias clínicas. El problema mas frecuente asociado a este tratamiento es la pérdida temporal de memoria.

Dado que la esquizofrenia es una enfermedad crónica, el tratamiento deberá tener en cuenta diversos recursos terapéuticos, la participación de distintos profesionales y el apoyo de distintos recursos sanitarios, laborales, sociales y judiciales, en función de las etapas de la enfermedad y las características individuales del paciente. Uno de los aspectos importantes y difíciles de conseguir, es el derecho a tener un trabajo y una vivienda, para evitar situaciones marginales, es por ello que ámbitos como el laboral y el judicial son factores a tener en cuenta en el tratamiento global del paciente y en la lucha contra el estigma.

Una de las premisas importantes del tratamiento, es que deben ser atendidos en el contexto menos restrictivo posible y potenciar la continuidad de cuidados, dada la cronicidad del trastorno. Los planes de seguimiento continuado, con un personal cualificado de referencia, son un recurso importante para evitar la desvinculación del sistema de cuidados, favorecer el acceso a los recursos necesarios y ayudar al establecimiento de una alianza terapéutica que favorezca el cumplimiento terapéutico.

Una de las intervenciones terapéuticas prioritarias va a ser la educación y terapia de los pacientes y familias, para que aprendan a reconocer los síntomas precoces de la recaída, evitar reagudizaciones, ayudar a expresar sentimientos, a través de la información acerca de las características de la enfermedad y de la enseñanza de estrategias para afrontar la enfermedad y reducir las recaídas y para aumentar los grupos de apoyo.

La terapia cognitiva-conductual, basado en el modelo de tolerancia al estrés (como el entrenamiento en habilidades sociales que fomenten la participación social), es otro de los recursos importantes a tener en cuenta.

Los métodos de rehabilitación (laborterapia, terapia ocupacional) y los recursos comunitarios tales como, hospitalización de día, centros de día, hospitales de larga estancia, etc. son aspectos implicados en el tratamiento global del paciente, al igual que los programas de detección precoz de la esquizofrenia.

No olvidemos que una de las finalidades es conseguir el máximo de autonomía, evitando las recaídas y adaptando a su entorno social, evitando aquellos factores de estrés que podrían influir en la aparición de otro episodio.

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¿Qué es lo que conocemos por “brote”?

Los episodios agudos o “brotes” pueden aparecer en cualquier momento de la vida de la persona sin que pueda predecirse. La mayor o menor aparición de brotes, son factores indicativos del pronostico de la enfermedad.

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¿Se puede prevenir el primer brote?

La respuesta es NO. El otro día escuché a un psiquiatra una frase que me gustó mucho, decía algo así como que el brote, en especial el primero, es como “un rayo en medio de un cielo azul”, que a veces vemos pequeñas pistas de que algo extraño pasa, pero en otras ocasiones nadie lo podría prevenir.

Debemos pensar que un primer brote psicótico es aterrador tanto para la persona que lo presenta como para aquellos que están cerca de esa persona. Ninguna de las partes entiende lo que está sucediendo ya que la conducta puede cambiar drásticamente de forma muy tajante.

Una persona que presenta un episodio psicótico suele terminar en el hospital cuando su conducta se intensifica hasta un punto de crisis. El tratamiento adecuado en los primeros años después del primer episodio ha demostrado disminuir las recaídas de psicosis en más del 50% y prevenir gran parte de la incapacidad que se asocia con la enfermedad. Cuanto más reciba ayuda la persona, mejor será el resultado. Después de un episodio, algunos pacientes regresan rápidamente a la normalidad tras la intervención adecuada,  mientras que otros continúan teniendo síntomas psicóticos, pero a nivel menos agudo. Los delirios y alucinaciones podrían no desaparecer totalmente, pero son menos intensos, y el paciente puede aprender a manejarlos.

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¿Es lo mismo psicosis que esquizofrenia?

Son dos palabras que van de la mano pero que tienen diferente significado:

  • Se conoce como psicosis a una serie de síntomas relacionados con la pérdida de contacto con la realidad. Frecuentemente se asocia a alteraciones del pensamiento y de la conducta. Las experiencias englobadas en el concepto de psicosis son múltiples y variadas. Las alucinaciones, los delirios y la catatonia son tres de las manifestaciones psicóticas más características. Los síntomas psicóticos pueden tener causas muy distintas, suelen ser consecuencia de la conjunción de estrés psicosocial con alteraciones cerebrales, o bien con el consumo de determinadas sustancias. Los trastornos psicóticos incluyen: la esquizofrenia, el trastorno esquizotípico de personalidad, el esquizoafectivo, el delirante, el esquizofreniforme, el trastorno psicótico breve, la catatonia y las psicosis inducidas por enfermedades y consumo de sustancias.
  • Como ya hemos dicho anteriormente, la esquizofrenia es una alteración que se incluye en el grupo de los trastornos psicóticos, siendo el más representativo y conocido dentro de éstos. Sus síntomas cardinales son de tipo psicótico, como la desorganización del pensamiento o la presencia de delirios y alucinaciones.

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Algo de vocabulario: Alteraciones del contenido del pensamiento

Ideas delirantes o delirios: El proceso final del pensamiento se refleja a través de las ideas. Cuando estas ideas dan lugar a convicciones erróneas que no pueden ser explicadas en función del contexto situacional y cultural del paciente, se dice que existe una alteración del contenido del pensamiento. En función del contenido se las llamará de distintas formas.

  • Delirios de persecución: Suelen estar relacionados con las ideas de autoreferencia. El sujeto puede tener la sensación de que le persiguen, de que alguien quiere causarle algún daño. Pueden ser de dos tipos, delirios de persecución física (el paciente se siente acorralado o perseguido. Ej: por un grupo de personas que quieren producirle algún daño.) y delirios de persecución psíquica (en este caso el daño que pueden infligirle es moral. Ej: quieren desprestigiarle o bien le difaman).
  • Delirios de control: Se caracterizan por la convicción de que los pensamientos, y actuaciones están controladas por una fuerza exterior (Ej: le envían mensajes a su cerebro o le ordenan realizar algún acto que no desea).
  • Delirios somáticos: En relación con el propio cuerpo (Ej: convencimiento de padecer una enfermedad rara o sentir que se está pudriendo o que está quemándose por dentro).
  • Delirios místicos: Suelen ser creencias falsas de naturaleza religiosa, inmersas en el contexto de un sistema religioso habitual o bien la invención de un sistema religioso totalmente nuevo, mezclado con religiones orientalistas y delirios de grandeza.
  • Delirios de grandeza: Creencia en poderes o habilidades personales irracionales.

Ideas autoreferenciales: Son aquellas en que el individuo tiene la sensación de que todo los acontecimientos están referidos a él.

Irradiación: Tiene la creencia de que pueden leerle sus propios pensamientos, de que
todo el mundo sabe lo que piensa.

Difusión del pensamiento: El pensamiento se difunde, de manera que tanto el como los demás lo oyen en voz alta, como si lo radiaran, o bien lo que piensa lo dicen los diarios o la televisión.

Inserción del pensamiento: Cree que le han introducido pensamientos que no son suyos, pensamientos obscenos contra su voluntad.

Robo del pensamiento: Tiene la sensación de que le quitan pensamientos de su mente. Cuando esta pensando algo no puede finalizarlo porque alguien se lo retira.

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Seguridad: una de las necesidades básica

Esta es una necesidad seriamente comprometida. Las etapas iniciales de la enfermedad
suelen producir en el paciente una gran inquietud e inseguridad, debido a la aparición de un estado afectivo difuso consecuente con las vivencias extrañas que experimenta.  A este estado se le ha llamado “temple delirante” y corresponde a la percepción amenazante de los cambios que presiente el entorno y que le resultan incomprensibles. También la sensación de extrañeza consigo mismo, debido a los trastornos de la identidad del yo (despersonalización) donde se encuentra “raro”, pudiendo aparecer el llamado “signo del espejo” (la persona se mira repetidas veces en el espejo para comprobar si continúa siendo la misma, ya que siente extraña y no se reconoce). Podría decirse que la vivencia durante las fases de crisis, está dominada por una gran inseguridad física y psicológica. La sensación de que los demás pueden ejercer un control sobre ellos/as, la dificultad para dominar el ambiente o las percepciones que pueden tener respecto a su propio cuerpo hacen comprensible que esta necesidad presente alteraciones significativas.

Las conductas impulsivas y de difícil comprensión que pueden presentar obedecen a vivencias delirantes indescifrables, que se perciben en la desconfianza o la ensoñación y pueden dar lugar a conductas impulsivas, como ataques inmotivados y/o conductas autolesivas que a veces pueden ser predecibles en función de gestos, actitudes hostiles o tensas, que pueden indicarnos su posible agitación o agresividad.

La interpretación subjetiva del entorno que realiza el paciente, debido a la ideación delirante o a las alucinaciones, puede hacer que lleve a cabo conductas de difícil comprensión, motivación y actos autodestructivos (ya sea por el temor o por la ansiedad que le producen los acontecimientos).

También los delirios místicos, en función de la rigidez de estas ideas, pueden producir conductas potencialmente agresivas para sí mismo o para los demás al creer que está poseído por el demonio, o que es el enviado de Dios o un elegido, y por tanto debe de salvar o castigar a la humanidad. Cuanto mayor sea su desconexión, mayor es el peligro de autolesionarse aun de forma no intencionada, al no tener conciencia de peligros ambientales o bien debido a la ausencia de conciencia corporal.

Los efectos de la medicación neuroléptica, pueden producir también cierta agresividad al producir efectos extraños que pueden ser vividos de forma amenazante por el paciente. Es necesario un seguimiento continuado para observar si mantiene una adherencia al tratamiento.

El riesgo de suicidio es un 10% más elevado en esta población que en la población general y más difícil de predecir, debido a sus vivencias delirantes y también a una baja autoestima, relacionada con una autopercepción negativa (como vergüenza o autoculpabilización) generada por el estigma que conlleva la enfermedad.

Otro aspecto a tener en cuenta es la gran cormorbilidad con el uso de alcohol y otras drogas, con el aumento de situaciones de riesgo. Sin olvidar las conductas sexuales de alto riesgo.

En la valoración de la seguridad de las personas que sufren esta enfermedad debería tenerse en cuenta las consecuencias de la estigmatización relacionada con la enfermedad, que etiqueta a estas personas con estereotipos y prejuicios erróneos, como peligrosidad o relación con actos violentos, lo que provoca intolerancia y rechazo por parte de la sociedad, tanto a ellos como a sus familiares, por lo que es importante priorizar actuaciones que contribuyan a un mejor acercamiento al problema y a la defensa de sus derechos.

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¿Se puede fingir una enfermedad mental?

Los especialistas, bien un psiquiatra o un psicólogo tienen conocimientos suficientes para diferenciar cuándo un sujeto padece un trastorno mental y cuándo está fingiendo. Hay personas que simulan padecer una determinada enfermedad por diferentes razones (eludir la justicia, cobrar un seguro, conseguir una invalidez, …). Hay ocasiones en lo que psiquiatras forenses y psicólogos tienen que testificar en los tribunales sobre si un determinado individuo padece una enfermedad mental o por el contrario la está fingiendo para eludir el peso de la justicia.

Como en todo en esta vida, existe un pequeño porcentaje de simuladores que consiguen engañar a los especialistas, pero no es tan sencillo como muchos piensan. Varios estudios en Estados Unidos sugieren que, de los trastornos psiquiátricos evaluados, el 7% son falsos.

Como ejemplo para explicar que no es tan fácil engañar a los especialistas podemos hablar del caso en EEUU de Keneth Bianchi (conocido como el estrangulador de Hillside): Arrestado tras una decena de asesinatos de mujeres jóvenes, inicialmente logró persuadir, incluso bajo hipnosis, a varios expertos reputados de que tenía un alter ego desagradable llamado “Steve”, el cual, según él, fue quien había cometido esos crímenes. Los investigadores decidieron llamar a otro psicólogo, Martin Orne, un experto en hipnosis que pudo descubrir la mentira del asesino: Orne le dijo al acusado que la mayoría de los pacientes tienen múltiples personalidades, al menos tres. Esto hizo que Bianchi inventara otra llamada “Billy” y que exagerara su confusión al ver pruebas de acciones cometidas por “Steve”. A raíz de ahí, una búsqueda de la policía en la casa del acusado puso al descubierto una pila de libros de psicología, ciencia del comportamiento, hipnosis y procedimientos legales de la policía. También había visto varias películas que tratan sobre trastorno de personalidad múltiple. Después se descubrió que Bianchi había tomado el nombre de su personalidad alterna, Steve Walker, de un estudiante de psicología cuya identidad había fingido para obtener una acreditación.

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Relación enfermedad mental y consumo de drogas

Este apartado da para un post aparte, así que muy por encima y de manera breve explicaremos algunos puntos.

El consumo de drogas puede ser el desencadenante de un trastorno mental, ya sea transitorio o permanente. Hay algunos que tienen una mayor incidencia que otros o que aparecen en momentos específicos. Los más característicos son: trastornos psicóticosbipolares, depresivos y de ansiedad. Todos ellos se dan no solo en el momento del consumo sino también durante la abstinencia. Incluso en ocasiones, algunas drogas pueden llegar a producir espectros de esquizofrenia.

En este sentido, los trastornos psicóticos se caracterizan por una alteración en las funciones cognitivas del cerebro, pudiendo llegar a provocar una pérdida de las capacidades intelectuales. Dichas anomalías en los componentes cognitivos van a ser de distintos tipos:

  1. Alteraciones en la percepción (las que afectan a los sentidos): Las más usuales son las alucinaciones (ver un objeto que no existe en realidad. Por ejemplo: una nave espacial) y las ilusiones (el objeto existe en la realidad, pero se interpreta de una manera errónea. Por ejemplo: creer que una determinada persona real es el diablo disfrazado).
  2. Alteraciones en el pensamiento: Tanto en el curso (con la pérdida de la atención y de la capacidad asociativa. Esta disfunción se caracteriza por una incapacidad de delimitar los estímulos que recibe) como en el contenido (las ideas delirantes, donde se llega a pensar cosas que no son reales, dándoles naturaleza de realidad. En ocasiones ese pensamiento se encuentra en un marco de posible realidad pero se acompaña de una desorganización del contenido (manía persecutoria, celotipia, etc).

Las drogas producen efectos nocivos en distintas esferas, de ahí que sus efectos sean tan devastadores. No solamente pueden provocar daños graves en el plano físico, sino que también, pueden provocar graves problemas mentales.

Nos tenemos que quedar con la siguiente idea: Todas las drogas pueden tener algún efecto sobre la salud mental, ya que pueden desencadenar un trastorno mental o agravar un trastorno preexistente. Con frecuencia, están asociadas a trastornos afectivos (depresión, ansiedad…) y, en casos más graves, a trastornos psicóticos. Sin embargo, los efectos son variables según cada droga. Las tres más frecuentes en España:

  • Alcohol: No olvidemos que trata de un depresor del sistema nervioso central, por lo que si hay un cuadro depresivo de base y se abusa del alcohol lo que puede suceder es que este se agrave. Si no existe ese cuadro previo, puede desencadenarlo.
  • Cannabis: El artículo “Relación entre consumo de drogas y predisposición a tener desórdenes del espectro esquizofrénico”, de varios profesores de la Universidad de Almería, concluye que las personas que muestran un perfil de consumo de riesgo al  alcohol y al cannabis también presentan niveles mayores de esquizotipia (el conjunto de características de la personalidad relacionadas con la esquizofrenia). Otro estudio concluye que la presencia de un determinado genotipo (ATK1) influye en el riesgo psicótico asociado al cannabis. El porcentaje de pacientes jóvenes que ingresan por trastornos psicóticos tienen un consumo de cannabis asociado.
  • Cocaína: es un excitante que genera una adicción muy rápida. Incidir sobre el consumo y mantener la abstinencia es complicado, por ello se relaciona a problemas de ansiedad y a cuadros depresivos, aunque también puede tener relación con patologías psicóticas.

¿La droga provocó la enfermedad? o, por el contrario, ¿fue la enfermedad la que llevó al consumo?

La relación entre el consumo de, en este caso, el cannabis y los trastornos psicóticos (particularmente, la esquizofrenia) ha sido objeto de un largo e inacabado debate. La cuestión es: ¿El consumo desencadena el trastorno o lo que ocurre es que muchas personas psicóticas acuden al efecto ansiolítico del cannabis?, según explica Irene Perez Zapico (psiquiatra de la clínica de salud mental SAMU Wellness), “la causa-efecto no está demostrada”. El consumo puede ser también un desencadenante de que a largo plazo, un primer episodio psicótico evolucione hacia una esquizofrenia.

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Doble estigma

Invisibles. Relegados. Olvidados. Abandonados. Excluidos. Ocultos…Y en la cárcel. En definitiva, fuera de lugar.

¡Hola a todos! El post de hoy trata sobre las personas que padecen una enfermedad mental y que han cometido un delito, acabando presos en una cárcel normal, junto con otras personas que no sufren ese “handicap”, por decirlo de alguna manera.

En primer lugar voy a hacer algo que me encanta, y es desmontar falsos mitos:

  1. El índice de personas con problemas de salud mental que comete un delito es muy bajo, menor que en la población general (sin embargo en España hay 28.000 personas con patología mental en prisión).
  2. Se estima que un 5% de las personas que padecen un trastorno mental pueden llegar a cometer algún delito, cuando la cifra en la población en general es de un 10%. Es decir, tienen un índice de criminalidad mucho más bajo que otra persona que no padece una enfermedad mental.

Es evidente que la cárcel no es el mejor sitio para tratar este tipo de enfermedades. Si esto se tuviera en cuenta durante el proceso judicial se podrían promover alternativas que faciliten la rehabilitación y la reinserción social, incluso impedir la cronicidad y el agravamiento de la enfermedad. En muchos casos la enajenación mental o la falta de juicio pasa inadvertida durante el proceso judicial, por lo que la persona ingresa en prisión como un interno más. También se dan casos que una vez internos, desde el propio centro penitenciario se diagnostican.

Estas personas necesitan de un seguimiento y de programas de rehabilitación, ya que en trastornos mentales graves (como una esquizofrenia, por ejemplo), si no se trabaja, no solo a nivel farmacológico, sino también a nivel psicosocial, la persona tiende al aislamiento, al deterioro y a la consecuente cronificación. Esto supone que al acabar la condena, se sientan incapaces de incorporarse a la sociedad.

¿Dónde está la raíz del problema? Una de los posibles motivos es la falta de detección precoz previa al proceso penal. Los agentes implicados en el proceso penal (abogados, fiscales, jueces, médicos, …) deben tener conocimientos suficientes, formarse y sensibilizarse para poder identificar una patología mental siempre y cuando esté relacionada con el delito. La administración debe formar (hasta cierto punto al menos) a los colectivos implicados para enseñarles a identificar que esos ademanes, una mirada huidiza, los silencios o las evasivas no son siempre estrategias de defensa, sino que pueden ser síntomas de una enfermedad mental grave. No voy a entrar en si en algunos casos debería ser ésto eximente o no de cumplir la pena, pero si tiene que ser considerado y tener el conocimiento de que hay otras medidas alternativas al ingreso en una prisión corriente.

Un 11% de los presos padece una patología mental, en su mayoría sufren de psicosis, pero prácticamente el 100% de estos casos son personas que no tenían un diagnóstico previo y que no recibían ningún tipo de tratamiento.

Actualmente en España solamente hay tres centros que se ocupan de esto: la UHHP (Unidad de Hospitalización Psiquiátrica) Brians 1 (en Barcelona), el Hospital Psiquiátrico de Alicante, y el Hospital Psiquíatrico de Sevilla, cuando debería haber un centro de este tipo por cada Comunidad Autónoma, evitando así la dispersión tan grande que sufren estas personas, ya que se ven desarraigadas de sus lugares de origen y de sus familias (éstos a su vez deben recorrer kilometros y kilometros para poder ver a su familiar, que es un enfermo y que no ha sido condenado, sino que está cumpliendo una medida de seguridad). ¿En quién está el poder de cambiar esto? Pues, como casi siempre, en los políticos…pero no es algo que les interesa a la mayoría de ellos, los enfermos mentales no tienen cabida en sus agendas. Si ya son son invisibles de por sí, cuando son presos aún lo son más. Si hubiera una delegación de competencias en este aspecto, como ya he dicho anteriormente, se avanzaría muchísimo hacia la solución del problema.

Existen fundaciones sin ánimo de lucro que luchan por esta causa, como por ejemplo la Fundación Manantialpero las listas de espera para recibir su ayuda es larga por los pocos recursos a pesar de que, en este caso en concreto, reciben subvenciones del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de la Obra Social Caja Madrid y desde Instituciones Penitenciarias.

Javier Pallarés, trabajador de Fundación Manantial y encargado del departamento de tutela y ámbito penitenciario hace un símil que considero muy adecuado y contundente cuando le preguntaron su opinión sobre la derivación de una persona con una enfermedad mental grave en una cárcel corriente, y el contestó: “A nadie se le ocurriría hacer un doble bypass, o una operación a corazón abierto, o un trasplante de riñón en una cárcel…pues ésto es lo mismo, un trastorno mental grave no puede ser tratado en una cárcel, es algo absurdo porque no hay medios, pese a que lo intentan y seguramente lo consiguen en algún sentido, pero desde luego no es un lugar para tratar y rehabilitar a una persona con patología mental grave“.

Al estigma asociado a la enfermedad mental se le ha de unir el de ser un recluso. Al estar considerados con dos aspectos negativos son considerados personas non gratas en nuestra sociedadaunque, como dicen algunos “ellos han cometido delitos a sangre caliente, mientras que en otros módulos están los que lo hicieron a sangre fría“.

El otro día leía un artículo de Quino Petit donde, en uno de los apartados, hablaba sobre el módulo psiquátrico de Brians 1. Es una unidad que ocupa 4.000 metros cuadrados en un extremo aislado la prisión. Tiene capacidad para albergar a 67 pacientes de los 1.300 de los internos de la prisión. Cuenta con 10 camas para ingresos agudos, 27 camas para subagudos (estancias de tres a seis meses), y el resto son camas para larga estancia. Las habitaciones son dobles (a excepción de aislamiento) y separadas por sexo, con una disposición similar a la de un hospital psiquiátrico y con rejas en las ventanas. Las instalaciones cuentan con talleres de informática, lavandería, de artes plásticas o encuadernación. Allí suelen manipular una gran guillotina (algunos pondrán el grito en el cielo al leer esto y diran: ¡ooh, menudo peligro!… Pero es que el riesgo cero no existe, y sin riesgo no es posible la rehabilitación, y no solo lo digo yo, sino también Álvaro Muro, coordinador de la unidad). La función de estos talleres no es ocupacional, sino terapéutica. El funcionario que trabaja en un centro de este tipo cuenta con formación específica, donde prevalece el carácter asistencial. El director de este entro penitenciario, Juan Carlos Navarro, asegura que el criterio de entrada y salida a este módulo es estrictamente médico.

El Dr. Muro está convencido de la existencia de una mayor proporción de  problemas de salud mental dentro de las cárceles que fuera de ellas, ya que según sus propias palabras “la prisión en sí misma puede condicionar que algunas patologías se expresen más, si la tasa media de esquizofrenia en la población es de un 1%, en las cárceles está entre el 5% y 15%. La patología depresiva se multiplica por 10“.

Otro asunto es el anteproyecto de la Reforma del Código Penal. En él había una parte dedicada a las medidas según la cual, por el hecho de padecer una enfermedad mental, una persona podría llegar a pasar más tiempo de reclusión que otra sin patología mental a la que se le impusiera una pena. Afortunadamente, gracias a la oposición de muchos sectores este aspecto no salió adelante en el proyecto de ley, ya que está demostrado que la enfermedad mental no condiciona un mayor riesgo. Así pues, el Código Penal establece que las personas con trastornos mentales que cometen un delito son inimputables, correspondiéndoles medidas de seguridad en un establecimiento adecuado al tipo de alteración psíquica.

En el estudio realizado por la Confederación de Salud Mental de España (estudio: Salud mental e inclusión social. Situación actual y recomendaciones contra el estigma) se asegura que “la población reclusa que convive con un trastorno mental acarrea un doble estigma: el asociado al trastorno mental y el asociado al medio penitenciario“.

Para finalizar el post, os dejo este breve fragmento del videoreportaje del País Semanal “Las mil y una caras de la locura“:

Seguir leyendo “Doble estigma”

¡Esta noche toca fiesta!

¡Hola a todos!  Dado que hoy es el último día del año quería hacer una entrada dedicada a todos aquellos que, como yo, piensan pegarse fiesta del año.

Como ya he dije en otro de mis post, en Navidad tendemos a excedernos un poquito en todo, y no solo en las compras y las comidas. Que si brindis por aquí, brindis por allá, a tú salud, a la mía y por supuesto a la de todos los que me leéis.. Es evidente que consumimos más alcohol de lo normal, y en noches como la de hoy salimos a celebrar como si no hubiera un mañana (que os recuerdo que si lo hay, ¡y a quien no le gusta empezar bien el año!).

No pretendo soltar un rollo paternalista, pero tampoco seamos hipócritas, sabemos que en toda fiesta hay alcohol y drogas. Cada uno tiene la libertad de elegir si desea o no consumir, y ambas opciones son totalmente respetables. Mi enhorabuena a los astemios que consideran que no es necesario beber para pasarlo bien (cosa con la que yo, personalmente, estoy totalmente de acuerdo. Aquí la compañía es clave), y a los que deciden tomar alcohol y/o algún tipo de droga os aconsejo que lo hagáis con cabeza si no queréis llevaros ningún disgusto (y no hablo de pillaros un mal viaje o un coma etílico, pero a nadie le gusta ser el amigo colocado pesado, o despertarte al día siguiente arrepintiendote de la mitad de las cosas que has dicho o hecho).

Hace unas semanas asistí a un seminario impartido por el grupo “Energy Control“, ellos son un proyecto de reducción de riesgos de la ONG ABD (Asociación Bienestar y Desarrollo). Tienen un ámbito de actuación estatal y sedes en: Barcelona, Madrid, Mallorca y Málaga. Es decir, son un grupo de personas (consumidoras y no consumidoras) preocupadas por el uso de las drogas en los espacios festivos y en la sociedad, por lo que desarrollan estrategias de gestión de placeres y riesgos, asesorando sobre la droga con el fin de disminuir su consumo. En definitiva: si te vas a drogar, al menos hazlo con cuidado. No te metas en tu cuerpo cualquier cosa, al menos ten conocimiento de donde viene, quien te lo vende, etc. Otro consejo es que os recuerdo que hay enfermedades que se transmiten mediante la sangre, si vais a consumir cocaína entre varias personas, que cada uno use su propio rulo (normalmente suele ser un billete), porque quien sabe si el primero que esnifa tiene alguna enfermedad (por ejemplo sida o hepatitis)…si va pasando de nariz en nariz, al último le llega toda la porquería de los demás, y basta que uno tenga una herida para que ya haya un riesgo.

Ojo y mucho cuidado con los que estéis tomando algún tipo de medicación (desde antidpresivos, ansiolíticos, etc, hasta un simple antibiótico), leer bien el prospecto donde explique si hay algún tipo de interacción, de reducción del efecto del medicamento o de la potenciación del colocón.

Os recomiendo visitar la página de Energy Control, aunque solo sea por curiosear. Encontraréis información sobre una gran cantidad de drogas, un servicio de análisis de sustancias, foro, medios educativos, mediateca, noticias y muchas cosas más. A destacar también el “Consultorio del Dr. X“, donde se recogen numerosas cuestiones que han ido respondiendo a lo largo de los años y que, quizá, te sirva de ayuda o aclare falsos mitos.

Lo dicho, si te drogas, hazlo con cabeza. Para los fiesteros (y los que solo salen una noche al año) ¡pasadlo genial! y que no sufráis una asquerosa resaca para inaugurar el año.

Os deseo una entrada de año maravillosa, ¡¡que se cumplan todos vuestros deseos en este año nuevo que llega!! Y que nadie se atragante con las uvas 😉

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