Mr. Jones

¡Hola a todos! Hoy toca hablar de cine, concretamente de la película Mr. Jones, protagonizada por Richard Gere.

Mr. Jones es un hombre impulsivo, intenso, embaucador y con un carácter fascinante que atrae a la gente por su encanto y vitalidad. Tiene una energía arrolladora que le lleva a parecer un “viva la vida”, sin embargo y de repente pasa de esos estados de máxima euforia, donde parecía que iba a comerse el mundo, al hundirse en la desesperación, la apatía, y, en definitiva, la depresión. Es una persona maníacodepresiva a la que le cuesta aceptar que padece de un trastorno bipolar y rechaza la ayuda que le ofrecen, hasta que conoce a la psiquiatra Elizabeth Bowen, la cual está decidida a ayudarle, pero acaba perdidamente enamorada de él. En definitiva, se trata de una película que trata de presentarnos las características de una patología mental (la bipolaridad) acompañada de una bonita historia de amor.

Para empezar me gustaría desmontar el falto mito que tiene la gente de que un bipolar cambia en cuestión de minutos de la euforia a la depresión. ¡NO! la persona con trastorno bipolar pasa semanas invadido de esa sensación de euforia donde se sienten como nunca, sienten que están en el mejor momento y se dedican a vivir y a disfrutar. Está es la fase manía de la enfermedad. Esta fase viene precedida de una fase depresiva, la cual también tiene un tiempo de diversas semanas de duración. La mayoría de la gente utiliza la palabra bipolar asociándola a un cambio de humor brusco, y no, no es un click espontáneo que haga tu mente, se trata de todo un proceso.

El trastorno bipolar lo clasificamos (según la clasificación DSM) dentro de los trastornos del estado de ánimo, donde encontramos el episodio maníaco y el episodio depresivo mayor (que puede ser unipolar), entre otros.

La característica definitoria de un trastorno bipolar es un curso clínico caracterizado por la presencia de uno o más episodios depresivos mayores acompañados, al menos, de un episodio hipomaníaco.

Si nos centramos en la fase de manía, podemos decir que se trata de un período completo en el que el estado de ánimo es anormal y muy elevado, expansivo o irritable. Tiene una duración de, al menos, una semana, y se acompaña de:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandiosidad.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Alteraciones en el lenguaje (a destacar el lenguaje verborreico y la fuga de ideas constante).
  • Aumento de las actividades y agitación psicomotora.
  • Distractibilidad.

El tratamiento suele ser: el internamiento en los inicios de la enfermedad (o en pacientes que no cumplen con el tratamiento farmacológico), farmacológico (antipsicóticos, benzodiacepinas con acción antimaníaca y/o litio. Sobre esté último tengo intención de dedicarle un post más adelante), psicoterápia (en especial para fomentar el conocimiento y la concienciación de la enfermedad, fomentar el cumplimiento del tratamiento, enseñar a reconocer los síntomas precozmente y adecuar el estilo de vida). En determinados casos también se utliliza la terapia electrocombulsiva (sí, no os escandalicéis que no es como lo pintan en las películas y es una técnica con muchos falsos mitos que desmontar y de la que ya os hablaré). En la fase de manía la seguridad de la persona está especialmente comprometida.

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Vamos a hablar ahora de la fase depresiva. En la depresión los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren el la vida diaria de la persona durante un periodo prolongado, disminuyendo considerablemente su calidad de vida. En las etapas de depresión puede predominar la tristeza y lentitud (como en el caso de Mr. Jones) o la agitación (como en el caso de Amanda, paciente que aparece en el filme):

El elemento clave de la evaluación conductual es el cambio de sus patrones y respuestas habituales. La persona que cursa una etapa depresiva se siente así durante la gran mayoría del tiempo, día tras día, conviviendo con la apatía y la anhedonia (pérdida de placer). Puede ir acompañado de o bien un aumento o una disminución del apetito (más frecuentemente) con la consecuente subida o bajada de peso y se caracteriza también porque estas personas suelen tener trastornos del sueño, caracterizados por un despertar precoz (se despiertan muy temprano y lo primero que les viene a la mente son pensamientos negativos o de tristeza). La necesidad más comprometida en la fase de depresión vuelve a ser la seguridad, puesto que hay que valorar si la persona tiene ideación suicida. Sin duda la depresión es un tema demasiado amplio, así que ya hablaremos más profundamente de ello en otra ocasión.

Volviendo a la película: Mr. Jones no es nada disciplinado a la hora de tomar la medicación, por lo que, en fase maníaca, le lleva a intentar volar como un avión desde lo alto de un tejado en obras. Este episodio le conduce hasta el hospital psiquiátrico donde conoce a la Dra. Bowen, la cual se va resistiendo a corresponder sus sentimiento ya que va en contra del código ético de su profesión, el cual le impide establecer relaciones con sus pacientes. Vemos bien representadas las diferentes fases y, como por ejemplo, cuando Jones haces cálculos matemáticos en la fase maníaca parece ser realmente bueno, en cambio en la fase depresiva se frustra por ser incapaz de multiplicar números más simples. Otra de los rasgos que queda muy bien plasmado es derroche del dinero que hace en la fase de manía y como eso le conduce a la ruina, algo muy típico en personas con trastorno bipolar.

Para finalizar el post, me gustaría dejar claro que cada persona es un mundo, su personalidad, su red de apoyo, su inteligencia, su mentalidad, etc etc. Independientemente de la patología que se padezca, no quiere decir que todos las características anteriores las tenga un bipolar, así que ¡ojo! y no prejuzguemos.

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Doble estigma

Invisibles. Relegados. Olvidados. Abandonados. Excluidos. Ocultos…Y en la cárcel. En definitiva, fuera de lugar.

¡Hola a todos! El post de hoy trata sobre las personas que padecen una enfermedad mental y que han cometido un delito, acabando presos en una cárcel normal, junto con otras personas que no sufren ese “handicap”, por decirlo de alguna manera.

En primer lugar voy a hacer algo que me encanta, y es desmontar falsos mitos:

  1. El índice de personas con problemas de salud mental que comete un delito es muy bajo, menor que en la población general (sin embargo en España hay 28.000 personas con patología mental en prisión).
  2. Se estima que un 5% de las personas que padecen un trastorno mental pueden llegar a cometer algún delito, cuando la cifra en la población en general es de un 10%. Es decir, tienen un índice de criminalidad mucho más bajo que otra persona que no padece una enfermedad mental.

Es evidente que la cárcel no es el mejor sitio para tratar este tipo de enfermedades. Si esto se tuviera en cuenta durante el proceso judicial se podrían promover alternativas que faciliten la rehabilitación y la reinserción social, incluso impedir la cronicidad y el agravamiento de la enfermedad. En muchos casos la enajenación mental o la falta de juicio pasa inadvertida durante el proceso judicial, por lo que la persona ingresa en prisión como un interno más. También se dan casos que una vez internos, desde el propio centro penitenciario se diagnostican.

Estas personas necesitan de un seguimiento y de programas de rehabilitación, ya que en trastornos mentales graves (como una esquizofrenia, por ejemplo), si no se trabaja, no solo a nivel farmacológico, sino también a nivel psicosocial, la persona tiende al aislamiento, al deterioro y a la consecuente cronificación. Esto supone que al acabar la condena, se sientan incapaces de incorporarse a la sociedad.

¿Dónde está la raíz del problema? Una de los posibles motivos es la falta de detección precoz previa al proceso penal. Los agentes implicados en el proceso penal (abogados, fiscales, jueces, médicos, …) deben tener conocimientos suficientes, formarse y sensibilizarse para poder identificar una patología mental siempre y cuando esté relacionada con el delito. La administración debe formar (hasta cierto punto al menos) a los colectivos implicados para enseñarles a identificar que esos ademanes, una mirada huidiza, los silencios o las evasivas no son siempre estrategias de defensa, sino que pueden ser síntomas de una enfermedad mental grave. No voy a entrar en si en algunos casos debería ser ésto eximente o no de cumplir la pena, pero si tiene que ser considerado y tener el conocimiento de que hay otras medidas alternativas al ingreso en una prisión corriente.

Un 11% de los presos padece una patología mental, en su mayoría sufren de psicosis, pero prácticamente el 100% de estos casos son personas que no tenían un diagnóstico previo y que no recibían ningún tipo de tratamiento.

Actualmente en España solamente hay tres centros que se ocupan de esto: la UHHP (Unidad de Hospitalización Psiquiátrica) Brians 1 (en Barcelona), el Hospital Psiquiátrico de Alicante, y el Hospital Psiquíatrico de Sevilla, cuando debería haber un centro de este tipo por cada Comunidad Autónoma, evitando así la dispersión tan grande que sufren estas personas, ya que se ven desarraigadas de sus lugares de origen y de sus familias (éstos a su vez deben recorrer kilometros y kilometros para poder ver a su familiar, que es un enfermo y que no ha sido condenado, sino que está cumpliendo una medida de seguridad). ¿En quién está el poder de cambiar esto? Pues, como casi siempre, en los políticos…pero no es algo que les interesa a la mayoría de ellos, los enfermos mentales no tienen cabida en sus agendas. Si ya son son invisibles de por sí, cuando son presos aún lo son más. Si hubiera una delegación de competencias en este aspecto, como ya he dicho anteriormente, se avanzaría muchísimo hacia la solución del problema.

Existen fundaciones sin ánimo de lucro que luchan por esta causa, como por ejemplo la Fundación Manantialpero las listas de espera para recibir su ayuda es larga por los pocos recursos a pesar de que, en este caso en concreto, reciben subvenciones del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de la Obra Social Caja Madrid y desde Instituciones Penitenciarias.

Javier Pallarés, trabajador de Fundación Manantial y encargado del departamento de tutela y ámbito penitenciario hace un símil que considero muy adecuado y contundente cuando le preguntaron su opinión sobre la derivación de una persona con una enfermedad mental grave en una cárcel corriente, y el contestó: “A nadie se le ocurriría hacer un doble bypass, o una operación a corazón abierto, o un trasplante de riñón en una cárcel…pues ésto es lo mismo, un trastorno mental grave no puede ser tratado en una cárcel, es algo absurdo porque no hay medios, pese a que lo intentan y seguramente lo consiguen en algún sentido, pero desde luego no es un lugar para tratar y rehabilitar a una persona con patología mental grave“.

Al estigma asociado a la enfermedad mental se le ha de unir el de ser un recluso. Al estar considerados con dos aspectos negativos son considerados personas non gratas en nuestra sociedadaunque, como dicen algunos “ellos han cometido delitos a sangre caliente, mientras que en otros módulos están los que lo hicieron a sangre fría“.

El otro día leía un artículo de Quino Petit donde, en uno de los apartados, hablaba sobre el módulo psiquátrico de Brians 1. Es una unidad que ocupa 4.000 metros cuadrados en un extremo aislado la prisión. Tiene capacidad para albergar a 67 pacientes de los 1.300 de los internos de la prisión. Cuenta con 10 camas para ingresos agudos, 27 camas para subagudos (estancias de tres a seis meses), y el resto son camas para larga estancia. Las habitaciones son dobles (a excepción de aislamiento) y separadas por sexo, con una disposición similar a la de un hospital psiquiátrico y con rejas en las ventanas. Las instalaciones cuentan con talleres de informática, lavandería, de artes plásticas o encuadernación. Allí suelen manipular una gran guillotina (algunos pondrán el grito en el cielo al leer esto y diran: ¡ooh, menudo peligro!… Pero es que el riesgo cero no existe, y sin riesgo no es posible la rehabilitación, y no solo lo digo yo, sino también Álvaro Muro, coordinador de la unidad). La función de estos talleres no es ocupacional, sino terapéutica. El funcionario que trabaja en un centro de este tipo cuenta con formación específica, donde prevalece el carácter asistencial. El director de este entro penitenciario, Juan Carlos Navarro, asegura que el criterio de entrada y salida a este módulo es estrictamente médico.

El Dr. Muro está convencido de la existencia de una mayor proporción de  problemas de salud mental dentro de las cárceles que fuera de ellas, ya que según sus propias palabras “la prisión en sí misma puede condicionar que algunas patologías se expresen más, si la tasa media de esquizofrenia en la población es de un 1%, en las cárceles está entre el 5% y 15%. La patología depresiva se multiplica por 10“.

Otro asunto es el anteproyecto de la Reforma del Código Penal. En él había una parte dedicada a las medidas según la cual, por el hecho de padecer una enfermedad mental, una persona podría llegar a pasar más tiempo de reclusión que otra sin patología mental a la que se le impusiera una pena. Afortunadamente, gracias a la oposición de muchos sectores este aspecto no salió adelante en el proyecto de ley, ya que está demostrado que la enfermedad mental no condiciona un mayor riesgo. Así pues, el Código Penal establece que las personas con trastornos mentales que cometen un delito son inimputables, correspondiéndoles medidas de seguridad en un establecimiento adecuado al tipo de alteración psíquica.

En el estudio realizado por la Confederación de Salud Mental de España (estudio: Salud mental e inclusión social. Situación actual y recomendaciones contra el estigma) se asegura que “la población reclusa que convive con un trastorno mental acarrea un doble estigma: el asociado al trastorno mental y el asociado al medio penitenciario“.

Para finalizar el post, os dejo este breve fragmento del videoreportaje del País Semanal “Las mil y una caras de la locura“:

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Locus of control

Creo que la mejor manera de inagurar este blog es explicando el nombre: Locus of control.

Se trata de un término psicológico que hace referencia a la percepción que tiene una persona acerca de dónde se localiza el agente causal de los acontecimientos de su vida cotidiana. Puede ser interno o externo:

  • Interno: la persona percibe que los eventos ocurren principalmente como efecto de sus propias acciones, es decir, la percepción de que él mismo controla su vida.
  • Externo: la persona percibe que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte o el poder y decisiones de otros.

Es típico en las personas bipolares cuando están en fase de manía y afecta directamente a la conducta y autoestima de estas personas. Por ejemplo, una persona con locus de control interno atribuye su bienestar a sí mismo y considera que si quiere estar bien puede hacerlo, en cambio una persona con locus de control externo atribuye su bienestar a los demás, al entorno, o al azar, por lo que no podrá desarrollarse y ser feliz si éstos no le dejan.

Desde 1966, Rotter lo cataloga como un rasgo de personalidad, propuesto a partir de la teoría del aprendizaje social. A pesar de que se relacione directamente con la bipolaridad, cualquiera de nosotros podemos atravesar etapas de locus of control, por ejemplo cuando el negativismo invade nuestra vida y consideramos que hagamos lo que hagamos no tenemos control sobre nuestra vida o nuestros sentimientos. Así en otras enfermedades como la depresión o la ansiedad también puede darse.

Más adelante hablaremos más sobre este tema y os iré dejando algunos links interesantes.

Para cerrar el post, solo quiero recordar a todas las personas, padezcas o no una patología mental, la vida es un conjunto de cosas internas y externas. Tú y solo tú tienes el poder de decidir, en cuanto a lo externo, arrópate de gente que te quiera, apóyate en los demás cuando lo necesites y déjate cuidar, porque de todo se sale.

 

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