Fobias de impulsión

Te diriges a coger el metro. Mientras estás esperando, de repente te viene un pensamiento a la mente (para ti totalmente absurdo), de la posibilidad de descontrolarte y tirarte a las vías del tren, o incluso el pensamiento o el impulso de que podrías empujar a algún otro viajero y tirarlo a la vía.

¡Hola a todos! ¿Te ha pasado esto alguna vez? Se denomina fobia de impulsión, y es más común de lo que crees. El post de hoy va dedicado a este tema, algo que le sucede a la mayoría de personas, y que resulta algo tabú hablar de ello, debido al contenido inmoral, ilegal, o bizarro de este tipo de pensamientos.

Definiríamos fobia de impulsión a un pensamiento, sensación o impulso (que incluso puede visualizarse) que siente una persona de poder realizar una acción que en el fondo no es deseada , y que muy a menudo implica hacer mal a los demás o a ella misma, lo que provoca un miedo intenso ante esta posibilidad de hacer daño a otras personas o incluso a uno mismo.

Miedo a los cuchillos, por el temor a poder coger uno y usarlo con una intención dañina hacia uno mismo o hacia otros. Miedo al tren, al metro, o a las alturas, también por el temor de descontrolarnos y lanzarnos. También es común presentar una fobia de impulsión en el post-parto, provocando a las madres miedo a perder el control sobre ellas mismas y poder  dañar a sus bebés.  Algunos ejemplos comunes pueden ser el miedo a dejar caer al bebé cuando lo sostienen en brazos, o el miedo a poder lanzarlo desde alguna altura y a hacerle daño.

Este tipo de pensamientos son más comunes de lo que la gente puede pensar, y pueden pertenecer a diferentes tipos de trastornos o bien incluso pueden ser un síntoma aislado. En la mayoría de casos suelen pertenecer a un trastorno obsesivo compulsivo  (TOC), aunque también pueden ser presentes en un trastorno de ansiedad generalizada  (TAG), en estados de estrés post-traumático, o también a un estado depresivo. Por ello, lo más adecuado es valorar cada caso en concreto.

¿Y si por haberlo pensado es que en realidad lo deseo hacer? Esta es la pregunta clásica de un paciente que sufre fobia de impulsión. Esa posibilidad les atemoriza y les pone tremendamente ansiosos. La clave de este tipo de fobias está en que la persona es consciente y reconoce que no quiere realizar la acción que le pasa por la cabeza, pero tiene miedo de descontrolarse y llevarla a cabo.  De hecho, se puede asegurar que es muy improbable que una fobia de impulsión se convierta en un acto real.

Estos pensamientos pueden provocar tanta ansiedad que a algunas personas les resulte difícil llevar una vida normal. En algunos casos incluso puede llevar a conductas evitativas, destinadas a que no se confirmen sus pensamientos, como tirar todos los objetos punzantes que tienen en casa, alejarse de sus hijos, no ir al metro por miedo a arrojar a alguien a las vías, etc. La mayor parte de la población tiene en ocasiones pensamientos de este tipo, pero pasan por nuestra mente y tal como entran, se van, no nos quedamos rumiando en ellas si no que las desechamos fácilmente. Como cualquier otro pensamiento, si intentamos suprimirlo y arrojarlo fuera de nuestra mente, se producirá el “efecto rebote”. Es como si te digo que pienses en cualquier cosa, pero bajo ningún concepto pienses en una naranja…. ¿En qué has pensando? Exacto, te ha venido una imagen de una naranja a la mente. Basta que no quieras pensar en algo para que no se te quite de la cabeza, por ello, debemos tratar los pensamientos con amabilidad. No debemos regodearnos en aquellos que nos provocan malestar o incomodidad, pero si aceptarlos y ser permisivos.

Pero, ¿y si finalmente lo hago? La pregunta clásica que aparece en estos casos. A pesar de este miedo a perder el control, como he dicho anteriormente, la realidad es que la probabilidad de que lo que pensamos pueda llegar a ocurrir es muy muy pequeña. Algunas personas con mayor tendencia ansiosa o fóbica, confunden posibilidad con probabilidad, y creen que porque algo es posible será probable que les ocurra, aunque saben en el fondo que este pensamiento no es realista. En la fobia de impulsión, el estímulo elicitador de miedo es el propio pensamiento del paciente. Es decir, la persona se tiene miedo a si misma, a su propia mente. Ese tipo de pensamientos dificilmente se convertirán en realidad, ya que son pensamientos de tipo egodistónico, es decir, la persona en realidad no se siente identificada con lo que piensa ni tiene deseo de hacerlo.

¿Que podemos hacer ante este tipo de pensamientos? Hay que valorar el malestar que produce la fobia de impulsión y plantear el tratamiento más adecuado. El tratamiento psicológico se realiza a dos niveles: el cognitivo y el conductual:

  1. A nivel cognitivo, el primer paso es ser consciente de que es el pensamiento propio el que nos está asustando. Somos víctimas de nosotros mismos y conocer esto es esencial para frenarlo. El segundo paso es dejar de darle importancia a estos pensamientos, todos tenemos pensamientos absurdos, a veces agresivos, blasfemos, etc, pero por lo general no le damos apenas importancia. Otro ejercicio mental recomendable es dejar a tus pensamientos estar, amablemente, sin juzgarlos. Tú seguirás haciendo tu vida normal aunque ellos estén ahí porque sabes que no significan nada más que lo que tú quieras que signifiquen.
  2. A nivel de conducta, la persona con fobia ha de exponerse a sus propios temores, hasta que, por un mecanismo psicológico llamado habituación, se reduzca la ansiedad a niveles normales.
  3. En algunas ocasiones se recurre al tratamiento farmacológico, concretamente ansiolíticos o fármacos que trabajen los circuitos serotoninérgicos, pero  siempre hay que valorar cada caso. A menudo se complementa el tratamiento médico una vez ha mejorado el síntoma con tratamiento psicológico.

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Mr. Jones

¡Hola a todos! Hoy toca hablar de cine, concretamente de la película Mr. Jones, protagonizada por Richard Gere.

Mr. Jones es un hombre impulsivo, intenso, embaucador y con un carácter fascinante que atrae a la gente por su encanto y vitalidad. Tiene una energía arrolladora que le lleva a parecer un “viva la vida”, sin embargo y de repente pasa de esos estados de máxima euforia, donde parecía que iba a comerse el mundo, al hundirse en la desesperación, la apatía, y, en definitiva, la depresión. Es una persona maníacodepresiva a la que le cuesta aceptar que padece de un trastorno bipolar y rechaza la ayuda que le ofrecen, hasta que conoce a la psiquiatra Elizabeth Bowen, la cual está decidida a ayudarle, pero acaba perdidamente enamorada de él. En definitiva, se trata de una película que trata de presentarnos las características de una patología mental (la bipolaridad) acompañada de una bonita historia de amor.

Para empezar me gustaría desmontar el falto mito que tiene la gente de que un bipolar cambia en cuestión de minutos de la euforia a la depresión. ¡NO! la persona con trastorno bipolar pasa semanas invadido de esa sensación de euforia donde se sienten como nunca, sienten que están en el mejor momento y se dedican a vivir y a disfrutar. Está es la fase manía de la enfermedad. Esta fase viene precedida de una fase depresiva, la cual también tiene un tiempo de diversas semanas de duración. La mayoría de la gente utiliza la palabra bipolar asociándola a un cambio de humor brusco, y no, no es un click espontáneo que haga tu mente, se trata de todo un proceso.

El trastorno bipolar lo clasificamos (según la clasificación DSM) dentro de los trastornos del estado de ánimo, donde encontramos el episodio maníaco y el episodio depresivo mayor (que puede ser unipolar), entre otros.

La característica definitoria de un trastorno bipolar es un curso clínico caracterizado por la presencia de uno o más episodios depresivos mayores acompañados, al menos, de un episodio hipomaníaco.

Si nos centramos en la fase de manía, podemos decir que se trata de un período completo en el que el estado de ánimo es anormal y muy elevado, expansivo o irritable. Tiene una duración de, al menos, una semana, y se acompaña de:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandiosidad.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Alteraciones en el lenguaje (a destacar el lenguaje verborreico y la fuga de ideas constante).
  • Aumento de las actividades y agitación psicomotora.
  • Distractibilidad.

El tratamiento suele ser: el internamiento en los inicios de la enfermedad (o en pacientes que no cumplen con el tratamiento farmacológico), farmacológico (antipsicóticos, benzodiacepinas con acción antimaníaca y/o litio. Sobre esté último tengo intención de dedicarle un post más adelante), psicoterápia (en especial para fomentar el conocimiento y la concienciación de la enfermedad, fomentar el cumplimiento del tratamiento, enseñar a reconocer los síntomas precozmente y adecuar el estilo de vida). En determinados casos también se utliliza la terapia electrocombulsiva (sí, no os escandalicéis que no es como lo pintan en las películas y es una técnica con muchos falsos mitos que desmontar y de la que ya os hablaré). En la fase de manía la seguridad de la persona está especialmente comprometida.

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Vamos a hablar ahora de la fase depresiva. En la depresión los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren el la vida diaria de la persona durante un periodo prolongado, disminuyendo considerablemente su calidad de vida. En las etapas de depresión puede predominar la tristeza y lentitud (como en el caso de Mr. Jones) o la agitación (como en el caso de Amanda, paciente que aparece en el filme):

El elemento clave de la evaluación conductual es el cambio de sus patrones y respuestas habituales. La persona que cursa una etapa depresiva se siente así durante la gran mayoría del tiempo, día tras día, conviviendo con la apatía y la anhedonia (pérdida de placer). Puede ir acompañado de o bien un aumento o una disminución del apetito (más frecuentemente) con la consecuente subida o bajada de peso y se caracteriza también porque estas personas suelen tener trastornos del sueño, caracterizados por un despertar precoz (se despiertan muy temprano y lo primero que les viene a la mente son pensamientos negativos o de tristeza). La necesidad más comprometida en la fase de depresión vuelve a ser la seguridad, puesto que hay que valorar si la persona tiene ideación suicida. Sin duda la depresión es un tema demasiado amplio, así que ya hablaremos más profundamente de ello en otra ocasión.

Volviendo a la película: Mr. Jones no es nada disciplinado a la hora de tomar la medicación, por lo que, en fase maníaca, le lleva a intentar volar como un avión desde lo alto de un tejado en obras. Este episodio le conduce hasta el hospital psiquiátrico donde conoce a la Dra. Bowen, la cual se va resistiendo a corresponder sus sentimiento ya que va en contra del código ético de su profesión, el cual le impide establecer relaciones con sus pacientes. Vemos bien representadas las diferentes fases y, como por ejemplo, cuando Jones haces cálculos matemáticos en la fase maníaca parece ser realmente bueno, en cambio en la fase depresiva se frustra por ser incapaz de multiplicar números más simples. Otra de los rasgos que queda muy bien plasmado es derroche del dinero que hace en la fase de manía y como eso le conduce a la ruina, algo muy típico en personas con trastorno bipolar.

Para finalizar el post, me gustaría dejar claro que cada persona es un mundo, su personalidad, su red de apoyo, su inteligencia, su mentalidad, etc etc. Independientemente de la patología que se padezca, no quiere decir que todos las características anteriores las tenga un bipolar, así que ¡ojo! y no prejuzguemos.

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366 razones para sonreír

¡Hola a todos! En primer lugar… ¡¡Feliz año nuevo!! Espero que hayáis tenido la mejor de las entradas en el 2016 🙂

Hoy vengo a compartir con todos vosotros una idea que he leído en el blog de “Nevermind, Tessie” (os dejaré el link del post al final). No es exactamente lo mismo así que os aconsejo a todos a que visitéis su blog porque propone unas ideas muy muy chulas y positivas que quizás os apetezca llevar a cabo (yo sin duda lo haré 😉 ).

Ésta se trata de una idea muy simple aunque a nosotros los humanos a veces se nos hace una enormidad:

Esta es la noche de Reyes, una noche mágica y especial sobre todo para los niños, y, por qué no, para los adultos. Aunque aún queden 366 días (ya que este año es bisiesto) ya podéis ir preparando vuestro regalo para el año que viene. Será mas bien un autorregalo, porque aunque esto no nos de la felicidad ni haga que desaparezcan los problemas, espero que a más de uno le saque una sonrisa y le evada un poquito de sus problemas. La idea es la siguiente: me gustaría que todos cogiéramos en casa un bote, una lata, una caja, … lo que queráis. La intención es que cada día escribamos en un papel algo bueno o algo que nos ha hecho sonreír ese día. No hace falta que sea nada del otro mundo, sino por ejemplo: “despertarme y no tener que madrugar“, “ver a un bebé riendo en el parque“, “un beso de mi madre“, “que mi vecino me diera los buenos días al entrar en el ascensor“. Si hay algún día que no encontramos nada bueno para señalar, podríamos escribir aquello que nos hubiera gustado, por ejemplo, “un abrazo de mi hermano” o “comerme aquel donut que vi al pasar por delante de la pastelería” .

Dentro de 366 días abriremos el bote/lata/caja y leeremos cada uno de esos papeles, y estoy segura de que a todos nos arrancará una sonrisa y nos transportará a esos momentos en lo que sentimos, aunque sea, un poquito de felicidad.

Desde luego no es la cura de la depresión pero es una buena manera de darte cuenta de que seguro que en tu vida, por mínimos detalles que sean, hay cosas del día a día que a lo mejor no aprecias en ese mismo instante, pero que nos dan la vida y nos aportan un poquito de felicidad.

Es un buen método también para aquellos perezosos o que no les gusta escribir un diario. Y para los remolones que no son constantes y que se pasan un o dos o tres semanas sin poner ningún papelito en el bote/lata/caja: no se preocupen, que si aquí a un año no tienen 366 razones bonitas para sonreír al menos tendrán 10, 100, 200, o 300, que ya valen más que no tener ninguna.

Podéis empezar hoy mismo o, si os atrae más, hacerlo como propósito de año nuevo. Si preferís esta opción podéis hacer esto para compensar los días de mes que ya llevamos:

  1.  Lo que nos dejó el año 2015 (quedemos con lo positivo)
  2. Expectativas para el 2016 (realistas y concisas)
  3. Lo que amamos hacer.
  4. Lo que vamos a dejar ir este año.

Recordad que esta noche es mágica, y que los deseos se cumplen…quedaros siempre con las cosas buenas que os regala la vida porque eso no tiene precio.

Y si hay algún rezagado que está pensando en que los Reyes Magos se han olvidado del regalo de alguien especial, os dejo este vídeo con el mejor regalo que podéis hacer a cualquier persona:

 

Como ya veis a veces con muy poquito se puede hace mucho…

¡Felices Reyes a todos!

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Locus of control

Creo que la mejor manera de inagurar este blog es explicando el nombre: Locus of control.

Se trata de un término psicológico que hace referencia a la percepción que tiene una persona acerca de dónde se localiza el agente causal de los acontecimientos de su vida cotidiana. Puede ser interno o externo:

  • Interno: la persona percibe que los eventos ocurren principalmente como efecto de sus propias acciones, es decir, la percepción de que él mismo controla su vida.
  • Externo: la persona percibe que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte o el poder y decisiones de otros.

Es típico en las personas bipolares cuando están en fase de manía y afecta directamente a la conducta y autoestima de estas personas. Por ejemplo, una persona con locus de control interno atribuye su bienestar a sí mismo y considera que si quiere estar bien puede hacerlo, en cambio una persona con locus de control externo atribuye su bienestar a los demás, al entorno, o al azar, por lo que no podrá desarrollarse y ser feliz si éstos no le dejan.

Desde 1966, Rotter lo cataloga como un rasgo de personalidad, propuesto a partir de la teoría del aprendizaje social. A pesar de que se relacione directamente con la bipolaridad, cualquiera de nosotros podemos atravesar etapas de locus of control, por ejemplo cuando el negativismo invade nuestra vida y consideramos que hagamos lo que hagamos no tenemos control sobre nuestra vida o nuestros sentimientos. Así en otras enfermedades como la depresión o la ansiedad también puede darse.

Más adelante hablaremos más sobre este tema y os iré dejando algunos links interesantes.

Para cerrar el post, solo quiero recordar a todas las personas, padezcas o no una patología mental, la vida es un conjunto de cosas internas y externas. Tú y solo tú tienes el poder de decidir, en cuanto a lo externo, arrópate de gente que te quiera, apóyate en los demás cuando lo necesites y déjate cuidar, porque de todo se sale.

 

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